Luego de los puñetazos, patadas, golpes con palos, piedras y botellas (de plástico, por suerte). Luego del escándalo en vía pública. Luego de obligar a la Policía a intervenir (razón por la cual el comandante ha sido destituido, decisión gubernamental que pone en vilo a la ciudadanía y su seguridad). Es decir, después de terrible conflicto por los puestos de venta en un campo ferial que una parte de los gremiales enfrentados no quiso ni mirar el año pasado. Luego de todo ello, ayer llegó la conciliación. Los vendedores, que se aprestan a atraer al público en estas fiestas de fin de año, se han entendido y ahí estarán, a sus anchas.
La pregunta es: ¿no podían haberse puesto de acuerdo antes, como manda cualquier principio civilizado? ¿A qué santo se pusieron en peligro, como en una guerra, si, como se ve, todo era cuestión de hablar y distribuir?
La irracionalidad sorprende y molesta. Tiene que hacerlo, pues no es la primera vez que esto sucede en espacios públicos, es decir lugares que son de todos los paceños.
Menos mal que la guardia municipal primero y la Policía Nacional después cumplieron su trabajo. Hubo heridos, pero pudo ser mucho peor si las fuerzas del orden no intervenían. Habría que premiarlas, pero por alguna razón extraña, los policías han sido castigados.






