Hace una semana que la historiadora francesa Marie-Danielle Demélas, querida amiga de Bolivia, ha hecho pública su protesta: no escribirá ni disertará más en el país, en tanto las autoridades bolivianas no avancen en la investigación de un crimen que ha afectado a su familia.
Ocurre que su hija, una adolescente, ha sido asaltada, golpeada y violada en La Paz, por tres individuos que, cobardemente, claro, se han escapado. La Policía boliviana, que seguramente a diario recibe similar tipo de casos, parece haberse acostumbrado y apenas da señales de preocupación. Esto se nota en la ausencia de indicios de que esté investigando no sólo este caso, sino tantos otros que de seguro afectan a jóvenes en la ciudad.
Que la situación que aqueja a la familia de Marie-Danielle se haga visible tiene varios sentidos. Por una parte, manifestar la solidaridad pública con esta profesional que tanto ha aportado al conocimiento del pasado del país. Y por otra, tomar su ejemplo y denunciar los muchos atentados contras las mujeres que apenas si merecen la inquietud de las autoridades señaladas para protegerlas y, en caso de que esto falle, al menos para hacerles justicia.
Ojalá la Policía reaccione e investigue. La protesta de Demélas es un grito de dignidad en el silencio de la indiferencia.






