Más que un trabajo, la enseñanza fue una pasión para Jaime Escalante. En sus venas corría el arte de educar, que también fue el oficio de sus padres. En los 60, se fue de Bolivia buscando una mejor vida. Antes de partir ya era profesor, pero tuvo que empezar desde cero para poder ejercer su pasión en suelo norteamericano. Tenía más de 30 años cuando se propuso aprender inglés y obtener un título universitario que le permitiese practicar la docencia. Y lo hizo con distinción. En 1974 enfrentó un gran desafío: enseñar matemáticas en una escuela de Los Ángeles famosa por la violencia y las drogas. Las dificultades sacaron entonces lo mejor del profesor boliviano que consiguió lo que nadie hasta entonces: formar con excelencia a un grupo de estudiantes que la sociedad ya había condenado a la marginalidad; al extremo de anular algunas de las calificaciones de sus estudiantes en un examen de cálculo avanzado. Para el sistema, no cabía la posibilidad de superación entre aquellos estudiantes, pero para Jaime Escalante sí.
Hace un año que murió este hombre ejemplar que nos llena de orgullo a todos los bolivianos, valga honrar su memoria poniendo en práctica su legado: todo es posible para el que cree y se esfuerza.






