Eligio Martínez, un atigrado de corazón, vive el sueño americano. Hace nueve años se fue a los EEUU para jugar en un campeonato de ex futbolistas, y desde entonces se quedó. En una entrevista concedida a este diario, contó su experiencia, que es la de muchos que emigran buscando mejores oportunidades.
En una ponencia sobre el destierro, Vera Linhartova se refería al exilio como un viaje «hacia otra parte, por definición desconocida, abierta a todas las posibilidades», pues el exiliado se ve obligado a desprenderse de los pilares que sostienen su cultura, como la familia y el idioma. Entonces, una vez desnudo, sin «redes» de seguridad, al artista no le queda sino elegir y construir su propio mundo.
Sin duda, Eligio experimentó un desarraigo similar que lo llevó a ver las cosas desde una perspectiva más amplia y más libre. Como jugador, despreciaba a los árbitros… «cuántas veces me votaron de la cancha. Los odiaba, no quería ni mirarlos»; pero ahora trabaja como réferi los fines de semana. La necesidad lo puso en una posición incómoda, pero a la vez más sabia, al extremo de ver los problemas de manera irreverente, por ejemplo, con el inglés, idioma que no habla, pero comprende: «Los que venimos aquí nos convertimos en perro, ¿sabes por qué? Porque entendemos, pero no hablamos».






