La detención del director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, inculpado por agresión sexual e intento de violación en Nueva York, ha puesto en crisis no sólo a la institución que preside, sino también y sobre todo a su intención de presentarse a las elecciones presidenciales francesas del 2012.
Más allá de la presunción de inocencia, el director del FMI ha ingresado a un terreno escabroso que podría sepultar su carrera política, a menos que se demuestre un terrible error de parte de la justicia y los detectives de Nueva York, reconocidos por su excelencia.
Algunas fuentes barajan la posibilidad de un complot detrás del escándalo, amañado por los adversarios políticos de Strauss; otros descartan esta posibilidad, en base a los antecedentes de Dominique, que en el pasado se ha visto involucrado en tropiezos también de naturaleza sexual, de los que supo salir airoso.
Si bien puede resultar precipitado afirmar que este escándalo defenestrará su intención de presentarse a las elecciones presidenciales francesas del próximo año, no cabe duda de que Dominique Strauss-Kahn se ha convertido en el villano de una telenovela policial de corte hollywoodense de la que difícilmente podrá salir impávido.






