La denuncia de la Asamblea boliviana en contra de la Convención Única de Estupefacientes de 1961, que prohíbe el acullico por considerar a la hoja de coca como un narcótico, conlleva ciertos riesgos, como la probabilidad de que Bolivia perciba menor ayuda técnica y económica para la lucha contra el narcotráfico, según advierte el representante de la oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito a un diario colega. Cuando se piensa en este riesgo, uno no puede sino cuestionar la necesidad de reivindicar el acullico poniendo en duda un tratado internacional de reconocida relevancia, en un momento en el que se baraja la posibilidad de llevar la reivindicación marítima a tribunales internacionales; y justo cuando en EEUU se juzga por tráfico de drogas a un exjefe antinarcóticos boliviano.
No obstante, cuando una diputada nacional sugiere censurar el acullico durante las sesiones, porque supuestamente adormece los sentidos de los parlamentarios y los confunde; ignorando que esta costumbre, otrora ceremonial, se extendió precisamente porque los españoles entendieron sus virtudes que mejoran el desempeño de las personas y las mantiene en alerta; y que hasta ahora ningún estudio demostró su cualidad de estupefaciente; la denuncia en contra de la Convención de marras deja de parecer tan burda.






