En su última edición, la revista Escape rescata una historia de amor apasionante y en extremo significativa, no sólo por su cualidad «prohibida», sino sobre todo por sus repercusiones históricas. En efecto, fruto de este romance nació un personaje entrañable para todos los bolivianos y en especial para los paceños, Pedro Domingo Murillo.
Dos de nuestros periodistas viajaron hasta Suri, la población yungueña que fue testigo del romance entre María Ascencia Carrasco, una hermosa muchacha hija de un distinguido caballero cusqueño, y de Juan Ciriaco Murillo y Salazar, el joven seminarista que quedó prendado por su belleza. Los prejuicios de aquel entonces no sólo rechazaron su amor, sino que también le negaron a Murillo un hogar convencional y una infancia alegre; sin saber que en realidad, tribulaciones y carencias de por medio, colaboraban con la formación y el temple del futuro líder de la Revolución Nacional, que en 1809 ofrendó su vida por la patria. Han pasado 254 años desde entonces, pero el tiempo no ha sido un obstáculo para los pobladores de Suri, que se ven a sí mismos como los paisanos vivos de Murillo, pero también como los guardianes de su pasado y de su nombre; y en este sentido se han dado a la tarea de conservar todos los vestigios y lugares que albergaron esta historia de amor.






