Un paciente que deja el régimen no sólo corre el riesgo de adquirir resistencia a los fármacos, sino que además de poner en peligro su vida, es un potencial multiplicador del mal.
«El porcentaje de abandonos a nivel nacional y de los departamentos de Cochabamba, La Paz, Santa Cruz, Beni, Pando y Potosí supera la meta del tres por ciento», se lee en un informe al que accedió La Razón, mismo que fue elaborado tras la reunión nacional de Evaluación del Programa de Tuberculosis, desarrollada del 12 al 14 de julio en Cochabamba.
A la cita asistieron representantes nacionales, departamentales y regionales del Programa, de las Fuerzas Armadas, Régimen Penitenciario, organizaciones de pacientes, entidades internacionales que apoyan la lucha contra la enfermedad y evaluadores.
En el encuentro se presentó una serie de reportes, entre ellos uno sobre Punata (Cochabamba) donde hasta 30 de cada 100 pacientes abandonarían la medicación.
Según datos del Programa Nacional de Lucha Contra la Tuberculosis, en Bolivia cada año se presentan ocho mil nuevos casos del mal, que se contraen cuando una persona que tiene el bacilo en su organismo tose o estornuda y otra lo aspira. Además, cada año mueren 700 personas como consecuencia de diagnósticos tardíos, por no asimilar, cumplir o rechazar el tratamiento médico.
Al respecto, el informe dice que a nivel nacional el índice de fallecidos llega al 4,1%, pero que en los departamentos de Oruro y Potosí alcanza al 8%, debido a la pobreza extrema.
Además revela que el porcentaje de curación no alcanza al 85% esperado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), salvo en Tarija y Pando. La Paz, Cochabamba y Santa Cruz son las regiones que concentran las tres cuartas partes del total de casos.
Causas. Óscar Lanza, médico de la organización no gubernamental Salud & Desarrollo, sostiene que las causas para que la enfermedad se multiplique son las «insuficientes medidas de promoción de la salud, prevención del riesgo, diagnóstico no oportuno y una insuficiente o ausente sensibilización sobre el tema, resultado de una pobre educación comunitaria, a pesar de los esfuerzos de las autoridades de gobierno».
En tanto que en el informe de evaluación se establece que la coordinación del programa, en todos los niveles, es débil y no responde a una planificación intersectorial.
Además se cuestionan los errores en la aplicación del tratamiento acortado directamente supervisado, que consiste en un seguimiento personalizado a cada enfermo para que siga la medicación. «La consejería para que el paciente se someta al tratamiento es débil, insuficiente o simplemente no existe, por ello persiste el diagnóstico tardío», se lee.
Respecto a la calidad de la información, en el encuentro se concluyó que ésta es inconsistente, contradictoria; hay debilidades en el registro de sistematización y consolidación de los datos debido a la sobrecarga de trabajo y funciones del personal, también por el desconocimiento del manejo de la información y porque se priorizan otros programas.
«Las capacidades para el análisis y retroalimentación de la información son débiles. Son insuficientes las supervisiones y seguimiento a la calidad del dato, no se contabiliza los resultados de la información generada entre el programa y el laboratorio y al momento no se logró implementar el software de tuberculosis».
Además se incluye que los formularios no responden a indicadores útiles como solicitud de baciloscopía, grupo etáreo y otros.
Estrategia dots; los cinco pasos
OMS/OPS
La estrategia del Tratamiento Acortado Directamente Supervisado (DOTS, por sus siglas en inglés) se desarrolló en 1994 y la OMS/OPS la incorporó como el principal instrumento para la lucha y erradicación de la tuberculosis.
Estrategia
El primer componente es la intervención organizada y sostenida con apoyo del Gobierno; el segundo, la identificación temprana de casos mediante baciloscopía; el tercero se refiere a la medicación eficaz y fácil; el cuarto es el suministro regular, ininterrumpido, de medicamentos; y el quinto el monitoreo basado en resultados.






