Bolivia celebra hoy 186 años de su fundación. Muchos hitos han marcado el espíritu de esta gran nación que surgió como la mimada de Bolívar; un país privilegiado por la riqueza de su territorio y su cultura; riqueza que, paradójicamente, en más de una ocasión jugó en contra de nuestra independencia y desarrollo. En efecto, a pesar de promover el primer grito libertario en esta región de América, fuimos el último país sudamericano en lograr la independencia. Y es que el imperio español se enraizó en aquellos lugares que, como el nuestro, tenían grandes riquezas en su territorio y habitantes lo suficientemente civilizados como para servir a la Corona. En el resto de las regiones, sin grandes riquezas naturales, los colonos al igual que los originarios estaban obligados a sobrevivir por medio del esfuerzo, desarrollando de esa manera una cultura de trabajo independiente de la explotación de recursos naturales, y por lo mismo sustentable, que hasta ahora perdura.
Dos siglos después de su independencia, el país se encuentra en una nueva encrucijada de la historia, luchando en contra de convencionalismos y pensamientos pesimistas como «la pobreza es nuestro destino». Pero el camino se pinta positivo, pues no queda sino luchar por nuestro bienestar, el de nuestros hijos y el de esta hermosa patria.






