En efecto, citando datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el presidente Morales destacó que si el 2005 la distancia entre los más pobres y los más ricos era de 1 a 170, el 2011 este trecho se redujo a 70; en otras palabras, si antes del 2005 los más ricos ganaban 170 veces más que los más pobres, el 2011 lo hacen sólo 70 veces más.
Agregó el Mandatario que eso no debe interpretarse en sentido de que los más ricos ganen menos, sino, por el contrario, que los más pobres acceden a más recursos. Asimismo, el Presidente explicó que esta mejora del ingreso de los bolivianos también se debe al incremento de la inversión pública, pues si entre el 2000 y el 2005 el promedio de la inversión pública era de $us 590 millones, entre el 2006 y 2010 subió a 1.239 millones.
Días después, el Vicepresidente del Estado añadió que este resultado se debe a que hay, por una parte, más ingresos para el país luego de las nacionalizaciones de los sectores estratégicos y, por otra, que esos ingresos están siendo redistribuidos de mejor forma gracias a las políticas de bonos.
Por su parte, entendidos en economía explicaron que efectivamente este resultado puede explicarse por la gestión pública, tanto en lo referido a inversión y gasto públicos como a lo referido a políticas de redistribución, pero también debe considerarse la dinámica económica mundial que ha favorecido los ingresos estatales debido a la demanda de materias primas que el país exporta. Previsiblemente, portavoces de la oposición pusieron en cuestión los indicadores que permitieron al Presidente hacer la afirmación que se comenta; sin embargo, les resultará difícil sostener una crítica profunda a los métodos que la ONU o sus agencias empleen para estudiar la economía de los países.
En esa misma línea, llama particularmente la atención la posición de la Fundación Jubileo, que afirma que los beneficiados de esa bonanza económica han sido los mineros cooperativistas, cocaleros, contrabandistas y los narcotraficantes, pues si bien pueden hallarse elementos que abonen esa visión, significa también desconocer muchos otros indicadores que señalan que la mejora en los ingresos ha llegado al grueso de la población, que no se dedica a la actividad ilícita y, más bien, vive de su honesto trabajo.
Son buenas noticias para el país, y las pruebas exceden el discurso oficial, pues pueden verse cotidianamente, ya que no sólo hay menos desempleados, sino que quienes trabajan también ganan mejor.






