Ayer, un bloqueo protagonizado por padres de familia, que obstaculizaron las principales vías de acceso entre la zona Sur y el centro de la ciudad, exigiendo a la Alcaldía paceña la construcción de tinglados, dotación de computadoras y de mobiliarios en 42 escuelas públicas, generó caos, perjuicios y malestar entre la población.
Nuevamente, los más perjudicados fueron los más vulnerables, como los cientos de niños que se quedaron en sus escuelas sin poder almorzar, o gente enferma que necesitaba acudir con urgencia a algún centro médico. Como ellos, muchas otras personas, pese a no tener ninguna relación con el conflicto, se vieron afectadas por esta tradicional medida de presión, que sólo pone en evidencia la naturaleza irresponsable, arbitraria y desconsiderada de quienes la practican, sin medir las consecuencias ni daños que provocan.
Tan sólo se necesita un poco de empatía y consideración para comprender que no hace falta vulnerar los derechos del resto para lograr resultados, sino originalidad y empeño. Muchos de los citadinos que se consideran «civilizados» podrían tranquilamente encontrar en la Marcha Indígena en defensa del TIPNIS, que se está desarrollando de manera pacífica y sin interrumpir la libre circulación, un buen modelo para futuras protestas.






