Hoy, El Alto festeja un nuevo aniversario desde que, en 1985, el Congreso aprobara la creación de la cuarta sección municipal de la provincia Murillo de La Paz, identificando a esa urbe como su capital.
Veintiocho años después, El Alto es actualmente una de las ciudades más pujantes y particulares del país. Por ejemplo, no es una urbe tradicional, en el sentido republicano, que gira en torno a un centro, por su relación y equilibrio de poderes. Ello porque allí no hay una plaza principal, sino varios centros, edificados bajo una visión espacial aymara, vinculada con la parcialidad de los de arriba y los de abajo, inherente a las comunidades andinas que la han ido configurando. Asimismo, la urbe alteña descuella por su fuerte dinámica social, cultural y económica, con un gran flujo migratorio.
No obstante, este acelerado crecimiento ha traído asimismo enormes desafíos, como el exceso de demanda de viviendas, vías y servicios básicos. De allí la importancia de configurar un plan de desarrollo municipal capaz de resolver los crecientes conflictos que devienen de la desorganización y de la contaminación. Eliminar, o al menos reducir, la creciente ola de delincuencia es otro de sus grandes retos, particularmente visible en los últimos años.






