Los resultados de los comicios subnacionales son interesantes porque nos muestran un panorama diverso y complejo del comportamiento de los electores y actores políticos. Hay que explorar sus matices y contradicciones para descifrar algunas de las pistas de la futura recomposición del sistema político.
Grosso modo, las urnas han ratificado ciertas continuidades que ya se observaban desde hace un decenio en este tipo de elecciones: desempeño muy mediocre del MAS con relación a sus votaciones nacionales, la existencia de sólidas oposiciones en las grandes ciudades y en el este y sur del país, y la aparición de fuerzas alternativas a esa polaridad, basadas en personalidades o grupos locales respetados.
El MAS posiblemente alcanzará una votación agregada de alrededor del 40% en gobernaciones, muy similar a la que obtuvo en 2015, y preservará o ampliará su dominio en el mundo municipal rural y de localidades intermedias. Mientras tanto, las oposiciones, muy fragmentadas, ratificarán su control de la gran mayoría de las aglomeraciones más pobladas y su sólida implantación en el departamento de Santa Cruz. Desde esa perspectiva, las novedades son escasas.
Sin embargo, lo desafiante hay que encontrarlo en los matices que los electores generan con sus votaciones “indisciplinadas” y en la profunda renovación de los actores del poder territorial que se ha producido.
En varios lugares, el denominado “voto cruzado” ha sido significativo, incluso superando barreras partidarias a priori insuperables. Cómo entender, por ejemplo, el apreciable porcentaje de cochabambinos que no han tenido problema en marcar, al mismo tiempo, la casilla de Manfred Reyes Villa y la del candidato a gobernador por el MAS. O la diversidad del apoyo a Eva Copa, compuesta por personas que eligen, al mismo tiempo, al candidato de la derecha para la gobernación, otras que prefieren a Franklin Flores, que va ganando en El Alto pese al tsunami municipal de su excorreligionaria, y una fracción que votó por Jallalla La Paz “en línea”.
De igual manera, si ciertas votaciones locales parecen responder al deseo de “equilibrar” el poder nacional masista, con similar lógica, frente a la ratificación de la mayoría camachista en el departamento de Santa Cruz, está emergiendo un buen resultado de Cronembold, que supera levemente el desempeño del MAS en ese departamento en octubre pasado, y un triunfo de los azules en casi la mitad de los municipios de ese departamento.
Por otra parte, la alternativa local al MAS no ha venido de las derechas tradicionales en muchos distritos, sino de opciones localistas o que abiertamente escapan a la polarización. Habrá que ver cómo evolucionan estas fuerzas, pero introducen la posibilidad de un progresismo nacional-popular más allá del masismo.
El mapa de autoridades territoriales se enriquece además con personalidades, algunas improbables hasta hace pocos meses, que ponen fin a largos predominios políticos, por ejemplo, de Sol.bo en la hoyada paceña, de Costas y Percy Fernández en Santa Cruz, o de la casi totalidad de la vieja élite tradicional, heredera de la ADN, en Beni y Pando.
Estas fotografías preliminares de la contienda evidencian, desde mi punto de vista, el agotamiento de los esquemas analíticos y políticos basados solamente en la antinomia MAS-Anti MAS. Un apreciable porcentaje de votantes y algunos actores políticos renovados no tienen problemas en transgredir esas fronteras, sea por razones coyunturales o tácticas, e incluso sospecho que muchos de ellos no las entienden ni les interesan.
Hace unas semanas, me refería a una frase atribuida a Mao, que sugería “dejar que florezcan mil flores” ante las inercias de los viejos sistemas. Algo de eso ya está pasando en el campo político, el desafío es no tenerle miedo, pese a que es un escenario más difícil de gobernar, y menos aún intentar negarlo o debilitarlo, porque eso solo puede acelerar su crecimiento desordenado y alentar una crisis de representatividad. Estamos en un momento que nos exige entender y gestionar la diversidad y complejidad, el que lo haga tendrá un mejor futuro político.
Armando Ortuño Yáñez es investigador social.






