Mientras unos peregrinos hacían fogatas para calentarse a la espera de los barcos en la playa, otros se abrigaban con lo que podían durante las últimas horas del retorno de Copacabana a la ciudad de La Paz.
“Lo voy a pensar dos veces si vengo el próximo año”, alcanzó a decir una señora mientras se servía un chairo que la Federación de Juntas Vecinales del lugar invitó a los peregrinos que emprendían el retorno a la sede de gobierno.
Los buques multipropósito de la Fuerza Naval llevaron durante la madrugada del domingo a centenares de personas desde Copacabana, pero a media mañana una 100 personas aún aguardaban los barcos de la Armada.
Otros se cansaron y se fueron pagando Bs 40 por taxi por Kasani-Perú para llegar a Yunguyo, Desaguadero y luego a La Paz.
El equipo periodístico de La Razón retornó por la carretera, pero tuvo que burlar los 18 puntos de bloqueo, donde los campesinos todavía vigilaban.
Pese a ello, Copacabana retornaba ayer poco a poco a la normalidad. Las tiendas abrieron, al igual que el Mercado Central ante los contados turistas y peregrinos. En la iglesia, al Domingo de Resurrección, se vieron pocos fieles.
Curiosamente, un vehículo que llegó desde Argentina y que habría burlado el bloqueo campesino esperaba que el padre bendijera el coche. “Vinimos por otros caminos”, dijo el conductor. A unos dos metros del automóvil, tres motocicletas esperaban su turno para la bendición. En otras épocas, la fila era interminable.






