Los documentales y los cuentos se han encargado de inscribir en el imaginario de las personas una asociación indisoluble entre el bambú y los osos panda, y por defecto, con el continente asiático. Sin embargo, por estos lados también crece ese “pasto arrogante que se cree árbol” (en palabras de la bióloga Mariela Barba); llamado así porque, pese a ser una planta, puede superar los 24 metros de altura.
Para mayor precisión, este “pasto” es conocido en el oriente boliviano como tacuara, y si bien no es usado para alimentar a esos tiernos plantígrados que parecen peluches, en la comunidad cruceña San Pablo de Guarayos le están dando un uso más bien urbano: para construir casas y artesanías. Detrás de este importante proyecto se encuentran los buenos oficios de la Fundación Amigos de la Naturaleza.
Biólogos de esta fundación, con el apoyo de Dinamarca, lograron involucrar a toda la comunidad en un proyecto para aprovechar, de manera sustentable, las potencialidades de la tacuara y así promover su preservación, amenazada por el avance de los colonos y el uso agroindustrial de las tierras. Hoy la comunidad cuenta con una carpintería que produce muebles, casas y artesanías que se venden incluso en la ciudad de Santa Cruz. Encomiable alternativa que ojalá se pudiese reproducir en otros lados.






