En el vibrante tejido de la vida emprendedora, la experiencia de un amigo cercano resalta la cruel realidad que muchos enfrentan: la falta de garantías suficientes para obtener préstamos y dar vida a sus emprendimientos y proyectos. Su trayectoria refleja la paradoja de necesitar respaldo para emprender, pero al encontrarse atrapado en un ciclo donde la falta de garantías impide el acceso al crédito necesario.
Este desafío encuentra un giro esperanzador en la Ley 393 de Servicios Financieros. En su artículo 115, dispone que las entidades de intermediación financiera anualmente deben destinar un porcentaje de sus utilidades, a ser definido mediante un decreto supremo, para el cumplimiento de la función social; desde la gestión 2014 estos recursos fueron destinados para la constitución de fondos de garantía. Esta disposición legislativa se convierte en un componente esencial para entender la historia de los emprendedores.
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Estos fondos actúan como aliados estratégicos, ofreciendo garantías parciales, facilitando el acceso a préstamos, reduciendo el riesgo percibido y allanando el camino para que los sueños de los emprendedores se materialicen. Para este amigo que les hablo, fue un salvavidas financiero que transformó la incertidumbre en oportunidad, cuyo nombre es el Fondo de Garantía de Créditos para el Sector Productivo (Fogacp).
El Fogacp apoyó a una multitud de emprendedores (24.200 a noviembre de 2023) que, al igual que mi amigo, se vieron enfrentados a la desafiante realidad de obtener préstamos sin garantías suficientes. Este fondo en particular no solo representa un cambio significativo en la forma en que se aborda la falta de respaldo financiero, sino que también se erige como un ejemplo palpable de cómo las políticas gubernamentales pueden catalizar oportunidades.
En este punto, toca mencionar además a otros fondos como el Fondo de Garantía de Créditos de Vivienda de Interés Social (Fogavisp) para aquellas personas que desean adquirir su primera vivienda, y requieren del apoyo de garantía; el Fondo de Garantía de Créditos para el Sector Gremial (Fogagre) que beneficia a los comerciantes minoristas, vivanderos y artesanos.
Detrás de cada fondo de garantía, hay relatos inspiradores. La historia de mi amigo se une a un coro de voces que celebran los logros alcanzados gracias a estos fondos, desde micro y pequeños empresarios y productores, hasta visionarios emprendedores que superaron las adversidades gracias a su respaldo.
Se espera que cada año se den historias como la contada, donde la función social de los servicios financieros se ha convertido para las entidades de intermediación financiera en una forma importante de contribuir al desarrollo social y económico de la población más vulnerable.
(*) Manuel Pareja Chávez es economista







