El municipio beniano de Guayaramerín es uno de los más afectados por las intensas precipitaciones pluviales de la temporada. Y aunque las lluvias empezaron a cesar, los efectos persisten y la amenaza del agio y la especulación se cierne ahora sobre su población.
Según reportes oficiales, el número de familias afectadas se acerca a 3.000 (unas 400 lo perdieron todo y por ahora viven en carpas), la mayoría en zonas rurales, y según el gobierno local, 3.000 hectáreas de cultivos resultaron dañadas.
Pese a los esfuerzos por dotar de alimentos a los damnificados, la escasez y el encarecimiento de productos de la canasta familiar son el nuevo problema al que los pobladores se enfrentan. La semana pasada, por citar un ejemplo, agiotistas y especuladores comercializaron el pan de batalla en Bs 1,50 (el precio regular en la región es Bs 0,50), pese a que la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) puso a disposición de los panificadores 700 bolsas de harina —de 50 kilos cada una— a precio preferencial.
Las labores de reconstrucción representan una misión titánica y de largo aliento para la municipalidad, la Gobernación del Beni y el Ejecutivo; controlar y frenar los abusos es una tarea urgente.






