Días atrás, la FELCC detuvo a dos varones y una mujer en la Terminal de Buses de La Paz que se dedicaban a robar a ciudadanos extranjeros. Según relató a La Razón una de las víctimas de esa red, la mujer era la encargada de identificar a los turistas que llegaban al país generalmente por tierra y aprovechaba su desconocimiento de la ciudad para fungir como una suerte de guía.
Una vez ganada su confianza, abordaban juntos un taxi supuestamente rumbo a un hotel o a la terminal de buses en caso de que el destino final de los extranjeros era otro país. No obstante, a las pocas cuadras, los dos hombres detenidos, vestidos como policías, abordaban el taxi y, amedrentamientos y amenazas de por medio, se dedicaban a desvalijar a los extranjeros.
Habida cuenta de la importancia del turismo para la captación de divisas y la generación de empleo, Bolivia no se puede dar el lujo de permitir que haya bandas delincuenciales especializadas en asaltar extranjeros. Por ello sería conveniente que la Policía Turística se desplace a los puntos de llegada más concurridos en las fronteras, por ejemplo Desaguadero, para desde allí guiar a los turistas, orientándolos sobre direcciones, medios de transporte seguros y la forma de operar de los delincuentes, en vez de dedicarse a labores burocráticas antes que de prevención.






