Una canción alemana del gran Udo Jurgens, austriaco y cantante de música popular, ya en los años 70 pronosticaba: “A los 66 años es cuando empieza la vida… A los 66 años es cuando realmente empiezas a empezar…” Esta persuasiva frase es el reflejo de que el enfoque de la edad ha cambiado radicalmente en nuestra sociedad.
Desde mediados del siglo XIX, la esperanza de vida ha aumentado continuamente gracias al avance de la ciencia, la implementación de políticas previsionales y la mejora en los servicios de salud, lo cual permitió que la ciudadanía pueda extender gradualmente la cantidad de años de vivencia.
El sexto Censo General de la Población de Bolivia de 1900, el cual estuvo a cargo de la Oficina Nacional de Inmigración, Estadísticas y Propaganda Geográfica, determinó que la población era de 1.555.818 habitantes. Por su parte, el censo desarrollado en 1950, tuvo como resultado que existían 3.089.648 habitantes en el país, de los cuales el 12% de la población tenía más de 60 años (374.049). Asimismo, el número de personas mayores de 55 años ha seguido aumentando, alcanzando el 15,89% de la población residente en Bolivia a principios del siglo XXI.
Paralelamente al aumento de la esperanza de vida, también se dieron cambios en las estructuras familiares y el rápido desarrollo de la sociedad con tendencias como la información digital. La naturaleza cambiante de los mercados de trabajo (trabajo flexible y/o a distancia), el cambio climático, respuestas innovativas de trabajo por pandemias como el COVID-19, si bien plantean desafíos, también representan oportunidades para incorporar a más personas a los programas contributivos para la previsión de la vejez.
En el proceso de políticas de jubilación a través de la historia boliviana, se enfrentaron dos imágenes contradictorias de las personas mayores: por un lado, una representación negativa de la vejez como sinónimo de decadencia, enfermedad física y necesidad material; y por otro, una representación más positiva con un énfasis en la solidaridad entre generaciones y entre las personas empleadas y las que no son. Lo cual nos lleva a la pregunta: ¿Cómo envejecer con dignidad después de una larga vida laboral? La base de respuesta fue el reconocimiento oficial de la edad de jubilación como “tercera edad” (después de la juventud y la vida profesional) y creó las condiciones para la aparición del nuevo grupo social de pensionistas.
A la fecha, más de 55.000 personas mayores de 58 años siguen trabajando en el país. El incremento del nivel de las pensiones, los diversos ajustes, la política de género para las trabajadoras y otros beneficios para distintos sectores laborales, han incentivado a la jubilación y acrecentaron los montos de las pensiones. La continua expansión de las prestaciones facilita la transición del trabajo remunerado a la jubilación, esto se aplica en particular a la trayectoria laboral de los hombres que han ejercido un empleo remunerado a lo largo de su vida activa. Las mujeres tienen una esperanza de vida más larga que los hombres y representan la gran mayoría de las personas mayores de 80 años, pero su recorrido laboral suele ser menos sencillo, ya que alternan entre el trabajo remunerado y el trabajo doméstico-familiar.
En la publicación 11 del Banco Interamericano de Desarrollo-BID sobre El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe, ya se hace un “llamado de alerta para los responsables de la política pública en materia de pensiones de la región. América Latina y el Caribe dejarán de ser jóvenes hacia mediados de la década de los 2050 y convergerán en un escenario de bajas tasas de natalidad y creciente longevidad, poniendo en jaque los sistemas de pensiones de la región”. Dicha publicación, además señala que la proporción de personas de 60 o más años es de 34,6% para 2022. Este mismo rango de adultos para 2060 subirá a un 56,2%, razón suficiente para ir previendo políticas que encaren esta situación a futuro.
Por otro lado, el Convenio sobre la Seguridad Social, suscrito por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con los países miembros, establece en su artículo 25 sobre la edad de acceso a la jubilación que “la edad prescrita no deberá exceder de sesenta y cinco (65) años…”
En ese marco, el Gobierno presentó un proyecto de ley que tiene por objeto preservar la salud, bienestar y garantizar una vejez digna para los asegurados dependientes que tengan 65 años o más de edad y cumplan con los requisitos establecidos en la Ley 065 de Pensiones, por lo que estos trabajadores se acogerán y ejercerán el derecho a una pensión de vejez o pensión solidaria de vejez en el Sistema Integral de Pensiones.
Sí, ejerciendo nuestro derecho a la jubilación a los 65 años, la vida empieza a empezar…
(*) Miguel Ángel Ríos Campos es administrador de empresas






