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Medir la corrupción

Es difícil saber si los países del orbe han mejorado realmente sus políticas contra este flagelo

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La Paz / enero 29, 2016
en Voces

El miércoles, Transparencia Internacional (TI) presentó su informe anual sobre la percepción de la corrupción en el mundo. En ese informe, Bolivia ocupa el puesto 99 entre 167 países, y aunque el puntaje otorgado al país es un punto menor que el año pasado, ha mejorado su posición subiendo en el ranking del puesto 106 en 2013. Sin embargo, el dato es engañoso.

En efecto, un artículo editorial del diario The Washington Post ofrece una interesante interpretación sobre el informe de TI señalando que, por las características del estudio, es difícil saber si los países del orbe mejoran realmente sus políticas contra este flagelo, pues, para comenzar, la calificación no proviene de indicadores objetivos, sino únicamente de las opiniones que tienen las personas sobre la corrupción en sus respectivos Estados. Así por ejemplo, los resultados de cualquier encuesta diferirán enormemente antes y después de denunciarse un caso que involucre afectación al erario público.

El matutino señala también que este tipo de estudios es “metodológicamente problemático” no solo por lo arriba señalado, sino también porque el índice de percepción de la corrupción es el fruto de una combinación de diferentes investigaciones realizadas en los países que son parte de la muestra, lo que significa ajustar datos disímiles a un criterio único. Nada de esto es reconocido apropiadamente en el informe.

Asimismo, el estudio tiene la limitación de que se concentra en medir la percepción de la corrupción en el sector público, olvidando que el sector privado, particularmente en países altamente desarrollados, incurre constantemente en prácticas corruptas que pueden o no involucrar a servidores gubernamentales. Tómese como ejemplo el reciente escándalo de la alemana Volkswagen, que trucó los motores de sus coches a diésel para que en las inspecciones sobre contaminación apareciesen valores menores a los reales. El efecto no es únicamente que los datos sobre contaminación atmosférica son falsos, sino que dichas mediciones impactan en los impuestos que los ciudadanos pagan por tener ese tipo de automóviles. El Gobierno alemán no hizo nada al respecto y la poderosa fábrica sigue vendiendo tan bien como siempre.

La corrupción es, pues, un fenómeno multifacético que involucra, para comenzar, al corruptor y al corrupto, ambos dotados de actitudes y prácticas que hacen más o menos tolerable, por no decir comprensible, el pago de sobornos, lo cual no significa que sea aceptable bajo ninguna circunstancia.

El informe de TI sirve, entonces, como un recordatorio de la importancia de poner la lucha contra la corrupción en un lugar prominente de la agenda pública y nada más. Mientras tanto, el Gobierno boliviano puede sentirse orgulloso de que las personas perciben que la corrupción, endémica en el país, ha disminuido siquiera ligeramente.

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