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Las emociones, a flor de golpe

Vivimos en la democracia de las audiencias, donde el marketing es el eje central de la lucha ideológica

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Por Ricardo Bajo Herreras
/ marzo 16, 2016
en Voces

Vivimos en la democracia de las audiencias (término parido por el politólogo francés Bernard Marin) donde el marketing es el eje central de la lucha ideológica. Los partidos han muerto y ahora se presentan como planes de comunicación estratégica, como si te fuesen a vender la nueva cerveza con miel. Los proyectos de país han sido enterrados (o escondidos bajo la alfombra) y ahora se trata de comunicar emociones para vender candidatos.

Los medios sustituyeron a los políticos y los periodistas independientes “famosos” se han convertido en los puntas de lanza; ahora ellos son los “nuevos” actores políticos (más creíbles). En la (pseudo)democracia de las audiencias, los medios se han colocado en una posición aún más central. Y la reina es, por supuesto, la “caja tonta”: la televisión (y especialmente los late shows) es el nexo de unión entre el ciudadano “desideologizado” y el entretenimiento político salpicado de mujeres cosificadas y siliconadas, goles, sangre y sensacionalismo telenovelero. Hasta los medios impresos prestan atención a la televisión nocturna, cambiando enfoques, esperando “pepas” cerca de la medianoche. Estamos en off side y hacemos incluso repercusión de los rifirrafes en las redes sociales. No es la antipolítica ni la pospolítica la que triunfa y la que impone la agenda, es peor: es la política-show y sus tres hermanas malditas: la banalización, la espectacularización y la farandulización (con sus primos gemelos bastardos, el racismo y la discriminación).

La derecha está envalentonada y no tiene asco de usar “todas las herramientas” (como dicen en Venezuela, “vamos por todo”) para asaltar los palacios (en el próximo invierno). Y para ello usan a sus cinco partidos. No, no es otra megacoalición. Es la nueva “junt’ucha” del futuro para devolvernos al pasado. Son los cinco téntaculos-armas destructivas de una guerra de alta intensidad dispuesta a todo (sangre de por medio) para volver atrás, para imponer el retorno conservador, la restauración neoliberal y privatizadora, la patria para unos pocos.

Los cinco jinetes cabalgan y se mueven a placer con el partido de los “golpes” (y toda su familia: el golpe light, el golpe lento y el golpe parlamentario); el partido de los juicios (contra Lula en Brasil, contra Cristina en Argentina); el partido de los medios de comunicación “imparciales” (y las redes “anónimas”); y el partido de las guerras sucias y sus parientes (las guerras económicas y psicológicas). Su quinto pasajero: el partido de las emociones.

El espacio político ha sido invadido por las emociones. La “dictadura denigrante de la afectividad” (Catherine Kinzler dixit) juega con las grandes conmociones y la fatalidad direccionada (¿quién llora hoy a los muertos de la Alcaldía de El Alto?). “Te podía haber tocado a ti” (tú eres la próxima “cara conocida”) es el disparadero de las operaciones psicológicas-mediáticas. Inventamos el hecho, luego apuntamos al culpable creado de antemano (las pintadas de “Evo asesino” todavía ensucian las paredes alteñas). Las emociones plantean un temible desafío a la democracia: (otra vez) somos (consumidores) pasivos. De manera “artificial” se crean “estados de ánimo” (Gringo Gonzales dixit el domingo pasado en Página Siete) y muchos pisan el palito.

Reaccionamos en vez de pensar y actuar. Es un sentimiento que no puede parar: si no lo sientes, no lo entiendes. Y así, apartando a la razón, el sentido crítico y la lectura, llega la descomposición: el propósito final de las derechas individualistas y consumistas. Las emociones se sufren, decía Sartre, no se pueden dejar a un lado de manera voluntaria, son pa(sa)jeras, pero no podemos apartarlas en el susodicho momento. Y entonces, bajo el influjo de la emoción, tuiteamos de manera compulsiva, condenamos y salvamos. Y detrás de un meme llega otro meme (el humor otra vez para reírnos del otro, del diferente). El partido de la emoción golea a la reflexión y se lleva el gato al agua. Es la nueva “junt’ucha” —impaciente— que se viene a los “golpes” con sus cinco jinetes galopando.

en tendencia: emocionesFlorGolpe

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