Un tema relevante ha estado dominando el análisis político y económico mundial en las últimas semanas, relacionado con la expansión del bloque BRICS (Brasil, India, Rusia, China y Sudáfrica) y su configuración que pretende ir más allá de un espacio de cooperación económica y comercial.
Si bien es difícil establecer los impactos que alcanzará dicha iniciativa, se tiene claramente definido que la prioridad hoy en día es incentivar canales de intercambio comercial en monedas diferentes al dólar estadounidense. Dicho escenario lleva a creer que se avecina el fin del mundo unipolar y que en consecuencia se podría contar con un comercio más justo.
En ese contexto, una delegación boliviana a la cabeza del presidente Luis Arce participó de la XV Cumbre del bloque BRICS el 24 de agosto, atendiendo a la invitación realizada por el mandatario sudafricano Cyril Ramaphosa en su calidad de presidente pro-témpore.
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La presencia de la representación boliviana estuvo orientada a lograr alianzas estratégicas e inversiones que aceleren el proceso de industrialización de los recursos naturales, buscando avanzar hacia un desarrollo sustentable, crecimiento económico e integración comercial, teniendo como principal referencia el litio, toda vez que Bolivia cuenta con la primera reserva mundial de este recurso natural, en un contexto internacional que advierte una necesidad de reemplazar la matriz energética. Sin embargo, no se debe dejar de lado la capacidad productiva de alimentos, energía, ciencia y tecnología, que convierten a Bolivia en un potencial socio estratégico para los países emergentes.
En ese contexto, es fundamental considerar que en el mundo actual existen dos bloques económicos en pugna: el G7, con Estados Unidos a la cabeza, y los ya mencionados BRICS, con un gigante como China al frente. Para el análisis de esa pugna de poder, es importante tomar en cuenta las posibles reconfiguraciones que se podrían suscitar en el contexto internacional en el ámbito económico-comercial, a partir de las variaciones que se han ido produciendo en los últimos años.
Es así que en 2000, el G7 contaba con el 44% del PIB mundial frente al 18% de los BRICS, sin embargo, en la presente gestión la composición se ha invertido, de tal forma que el G7 cuenta con el 30% del PIB mundial, respecto al 32% del bloque BRICS, vale decir que en estos últimos 23 años la producción de los BRICS no solo ha igualado a la del G7, sino que la ha superado. Mismos escenarios se replican en temas de comercio exterior, comercio mundial e inclusive en cuanto a la concentración de la población mundial.
A razón de estos elementos se justifica el por qué Bolivia mira a los BRICS como una oportunidad para fortalecer el camino hacia la industrialización de sus recursos naturales, es por ello que oficializó la solicitud de ingreso como miembro pleno del bloque, apelando a la igualdad, complementariedad, solidaridad, inclusión, consenso y el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Es importante denotar que actualmente los BRICS ya ofrecen ventajas para los países que se suman a la iniciativa, al proporcionarles oportunidades de inversión, financiamiento y cooperación técnica.
Tomando en cuenta todos estos elementos, el bloque BRICS puede desempeñar un papel muy trascendental en la creación de un orden global más equitativo y multipolar, aunque esto dependerá de su capacidad para colaborar, abordar desafíos y equilibrar sus intereses individuales con el objetivo colectivo de un crecimiento sostenible y nuestro país no debería quedar ajeno a dicho proceso.
(*) Álvaro Nina Nina es economista







