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Atención deudores

Las potencias del siglo XIX no perdonaron la revolución de los esclavos de Haití.

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Por Lucía Sauma
/ octubre 13, 2016
en Voces

En 1803 Haití se convirtió en el primer país del mundo donde se proclamó la libertad y la abolición de la esclavitud. El mismo año se declaró el primer Estado independiente de América Latina. Para quienes pensamos que la esclavitud es una de las lacras más vergonzosas de la humanidad, Haití debería ser el símbolo de la dignidad, una joya de la libertad apreciada y cuidada por los seres humanos en general. Pero no fue así antes ni tampoco ahora. Las potencias del siglo XIX no reconocieron inmediatamente la independencia de Haití y no perdonaron la revolución de los esclavos, entonces optaron por imponerles bloqueos económicos para ahogarlos como Estado. En la actualidad el castigo continúa, es el país más pobre del continente americano y está entre los 10 más pobres del mundo. El 95% de su población tiene origen africano, porque proceden de los más de 480.000 esclavos que llevaron los franceses a la que fuera su colonia más rentable, producía el 60% del café y el 40% del azúcar importados por Francia y Gran Bretaña.

El 12 de enero de 2010 un terremoto de 7 grados en la escala de Richter devastó Haití, convirtiéndolo en un gran campo de refugiados construido sobre los escombros. Doce días después, el Gobierno informó que se habían recogido y enterrado 150.000 cadáveres solo en la capital, Puerto Príncipe, y sus alrededores, y que no se sabía cuántos permanecían bajo los escombros de edificios destruidos. El 4 de octubre de este año el huracán Matthew destrozó Haití, causó más de 900 muertes, se habla de una posible hambruna, y están luchando para evitar una epidemia de cólera.

Los desastres naturales solo contribuyen a aumentar la situación de miseria en la que se encuentra Haití. ¿Cuál será el balance en un año o dos? Volveremos a las cifras, al recuento de daños, a las toneladas de ayuda humanitaria. Pero el verdadero drama de esta nación caribeña no se habrá solucionado. No se le habrá devuelto la dignidad. Haití es mucho más que sus cifras de pobreza y sus noticias de desesperación.

Quienes dominan el mundo se olvidan que construyeron sus imperios gracias al trabajo y las vidas de esclavos e indígenas, levantaron sus florecientes naciones con la riqueza ajena; muestran su poderío escarmentando a los países que se sublevaron, por eso están dispuestos a condenarlos a la pobreza. Afirman de forma cínica: teníamos razón, son una lacra, no tienen para comer porque son flojos, no se educan porque no pueden pensar, son pobres por inútiles. Aún a costa del pensamiento de quienes detentan el poder, deberíamos hacer causa común y cobrar la deuda que tienen quienes lucraron y lucran con las vidas y las riquezas de nuestros países en América Latina y en África. No es ayuda humanitaria lo que necesitamos, sino pago de deuda.
 

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