Representantes empresariales han manifestado su preocupación por el escaso avance del diálogo de su sector con el Gobierno. Aunque el Estado tiene un rol protagónico en la economía, la participación privada es crucial para crear empleos y aumentar la producción. Por tanto, habría que hacer los mayores esfuerzos para reactivar estas conversaciones y lograr resultados concretos.
Desde 2016, el sector privado debate con las autoridades acerca de sus problemas y las maneras para impulsar inversiones. En este año se han establecido 10 mesas temáticas orientadas a cuestiones como los incentivos para las exportaciones, los problemas tributarios o la normativa laboral. Según el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, Ronald Nostas, habría “fatiga” en varios sectores por la falta de resultados de este esfuerzo, pese a la predisposición del Presidente y del Ministro de Economía para avanzar en este asunto.
La apertura y el enfoque pragmático frente al sector privado han sido mencionadas como una de las principales virtudes de la política económica del Gobierno. Se han logrado, por ejemplo, acuerdos razonables con los agropecuarios cruceños y las empresas petroleras contratistas. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado el malestar de varios sectores a medida que la coyuntura económica se ha hecho más difícil. Hoy se sienten con mayor fuerza las trabas burocráticas, la rigidez y complejidad del sistema impositivo, la política cambiaria o las excesivas regulaciones de algunos mercados. Parecería que se ha vuelto más difícil crear empresas y empleos formales justo en un momento en el que apremia la necesidad de mantener el dinamismo de la economía. Este panorama preocupa a los empleadores y debería también inquietar al Gobierno, pues sin el impulso privado no es posible generar ingresos elevados ni reducir la pobreza.
Por tanto, el establecimiento de un diálogo constructivo para destrabar problemas y dinamizar la inversión privada fue una iniciativa muy valorada. El estancamiento de este esfuerzo no es una buena noticia y se esperaría que desde ambos sectores se hagan los mayores esfuerzos para reactivar las conversaciones y mostrar resultados concretos en el corto plazo.
Ciertamente hay aspectos en los que el Gobierno tiene grandes restricciones para responder a algunas de las solicitudes empresariales. Y eso lo debe entender el sector privado. Por tanto, sería recomendable que revisen su agenda de propuestas desde una perspectiva realista y pragmática. Paralelamente se esperaría que se refuerce el liderazgo de la contraparte gubernamental, de manera que haya alguna autoridad de peso que se responsabilice de los avances globales del diálogo y que ayude a desbloquear las posiciones inflexibles y la burocracia que podrían surgir en algunas entidades estatales.






