Mañana millones de personas celebrarán la Nochebuena, en conmemoración al nacimiento de Jesús, un hecho trascendental que significó un antes y un después no solamente en los calendarios, sino que además propició el surgimiento de una nueva religión, el cristianismo, la cual cambió la forma de concebir la vida y la muerte en el mundo occidental principalmente, y siglos después en otras regiones del orbe.
La tradición bíblica asegura que Dios se hizo hombre y vino a la tierra por amor a los hombres y al mundo, pues la humanidad necesitaba de un Mesías capaz de asumir y expiar por sus pecados, con el derramamiento de su sangre y su muerte en la cruz, a modo de un cordero que se entregó de manera voluntaria para ser sacrificado.
Para algunos, esta historia no es más que un relato ficticio, parte de la literatura fantástica. Otros la califican de una argucia para someter y explotar a la plebe, a fin de que acepte sacrificios y privaciones en esta vida a cambio de una recompensa futura en el paraíso. Por último están quienes lo consideran un hecho real, capaz no solo de dividir la historia en dos, sino también de impulsar a miles de personas a ofrendar incluso su vida.
Y es que solamente un loco sería capaz de semejante sacrificio por una corriente fraudulenta y/o por un ser inexistente; y sería imposible que esta “locura”, de ser falsa, hubiese adquirido tantos adeptos a lo largo de la historia, máxime tomando en cuenta que los gestos que demanda son muy poco apetecibles desde una visión hedonista.






