En tiempos de posverdad, a la clase política le fascinan las megaobras, las jach’a obras o los llamados “proyectos estrella”. Por ello, todos perdimos el gusto por el recato o por obras esenciales para nuestra ciudad. Ahora sobran la grandilocuencia y la fatuidad. Es el signo de estos tiempos. Sin embargo, todavía podemos gozar de pequeñas obras con un enorme significado. Me refiero a la recientemente inaugurada Casa del Poeta.
Ubicada en una calle de Miraflores colmada de laboratorios y hospitales que curan el cuerpo, esta pequeña casa de principios del siglo XX es un espacio para curarnos espiritualmente. Construcción discreta de dos plantas con patio trasero y retiros, alberga ahora un centro cultural en ese barrio paceño. Con espacios para conferencias, talleres, cursos, exposiciones, y una biblioteca-librería, es el centro idóneo para la presentación de libros y recitales poéticos.
Remozada con criterio por la Secretaría de Culturas del Gobierno Municipal de La Paz, la casa donde vivieron ilustres poetas y poetisas presenta ahora unas fachadas de color ocre y unos patios de piedra comanche que se prestan a cualquier actividad al interior o en los patios exteriores. Esta acertada recuperación es testimonio patrimonial de una época típica de chalets y residencias de la clase media paceña. Su sala principal está, por el momento, dignificada por dos pinturas icónicas de la ciudad de La Paz: la vista de la iglesia de la Recoleta de Márquez y el paseo Alameda, actual El Prado, de García Mesa; y en casi todos los muros están paneles con importantes representantes de la literatura boliviana.
Toda obra cultural tiene su origen en un iluminado y su sostenibilidad depende de una institución. En 1951 el alcalde de entonces, Sáenz García, promulgó una resolución por la cual este inmueble se entregaría a poetas para su usufructo; excepcional medida en un medio cicatero al arte y a sus creadores.
Posteriormente, y después de años de irresolución, el Gobierno Municipal emprendió la recuperación para fines colectivos y culturales. Lo logró después de mucho batallar y ahora contamos con un centro cultural que tiene en su dirección a dos reconocidos promotores del arte y la cultura de esta ciudad: Fernando Lozada y Elías Blanco. Con ellos a la cabeza, la institución municipal garantiza una larga y fructífera vida para esta pequeña gran obra.
Contrastando a los protagonistas del párrafo inicial con los siguientes recordemos a Nietzsche: “¿Quiénes son los que nos elevan? Los filósofos y los artistas: he aquí los hombres verídicos, los hombres que se separan del reino animal”.






