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No es tramoya, es su tragedia

Puede ser el origen de la crisis el aislamiento de hombres y mujeres históricos del instrumento

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Rubén Atahuichi

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Por Rubén Atahuichi
PARTE-CONTRAPARTE
/ agosto 30, 2023
en Voces

El Movimiento Al Socialismo (MAS) sufre una crisis inédita en la política nacional, al menos en la historia reciente. Ni el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que se desgajó en varias corrientes, ni el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), que también se dividió, padecieron tanto sus miserias y traiciones como el partido de Evo Morales.

No es fácil comprender la complejidad de su actual situación, alimentada por una disputa de poder inimaginada al comenzar el gobierno del presidente Luis Arce, promovido por el propio líder del partido y arropado por las mismas masas y organizaciones sociales, que entendieron que, luego del año nefasto de la ruptura constitucional, había que recuperar terreno y reencauzar la democracia.

Lea también: Boicot a las elecciones judiciales

Morales mismo se decantó por Arce y David Choquehuanca en enero de 2020, cuando el MAS y dirigentes del Pacto de Unidad eligieron en Buenos Aires el binomio para las elecciones de ese año, por encima de otros nombres que también sonaban fuerte. Morales siempre creyó que Arce era un hombre honesto, que siempre acompañó sus decisiones mientras era su ministro de Economía y con él su partido iba a recuperar la democracia.

Sin embargo, todo cambió cuando Arce llegó a la Casa Grande del Pueblo, ungido con el 55,1% de los votos en las elecciones generales del 18 de octubre. El líder del MAS ya no tenía el mismo poder para poder gestionar el acompañamiento del nuevo gobierno con nombres de su viejo entorno y de su confianza; el nuevo mandatario debía rodearse de cuadros, si bien partidarios, de su propia confianza.

No consignó a exministros en su gabinete, recuperó solo a algunos viceministros, concedió cupos a los movimientos sociales e inventó otros más o menos independientes del MAS, nada “orgánicos”.

Puede ser el origen de la crisis el aislamiento de hombres y mujeres históricos del instrumento político. Eso, en adelante, resultó incómodo y generó las primeras tensiones. Hasta que, a principios de septiembre del año pasado, cuando Morales denunció un “plan negro” en su contra, la situación degeneró en disputas políticas.

Desde esa vez, el MAS no fue el mismo. Surgió una lista de “traidores” y “leales”, y Morales comenzó a sentir su falta de incidencia en el Gobierno, al punto de reclamarle al presidente Arce reuniones de coordinación (dijo que iban a ser cada día 18 de mes) para evaluar la marcha de la gestión, el desempeño de las autoridades y la generación de políticas públicas en el marco del “proceso de cambio”.

Al principio de la crisis, el MAS, sus dirigentes y su militancia negaban su difícil situación. Morales incluso desmintió un audio en el que se le escuchaba decir “hasta cuándo vamos a aguantar al Lucho”. Sin embargo, esas percepciones pronto salieron a la luz y comenzaron las denuncias contra la administración de Arce: mala gestión de la economía, corrupción e incluso “protección al narcotráfico”.

Ante la gravedad del cruce verbal entre los que luego se consideraron “evistas” y “arcistas”, la oposición consideraba la situación una tramoya para esconder la presunta incapacidad del Gobierno de reencauzar la economía o enfrentar los problemas de corrupción.

Sin embargo, esa descripción es contraria a la realidad del MAS, que ahora está sumergido en sus miserias y su tragedia, que puede tener serias consecuencias en las elecciones de 2025. Con Morales casi declarado candidato, otra vez, y Arce con ansias de su repostulación, el MAS parece encaminarse al desastre electoral, en desmedro de su fiel nicho político que tendrá que bifurcarse para solaz de la oposición, que puede encontrar posibilidades.

Arce denuncia sistemáticamente que su gobierno sufre afanes desestabilizadores internos y externos. “¡La desestabilización no pasará, el golpe de Estado no pasará, venga de donde venga!”, escribió ayer en su cuenta de Twitter.

Como la dirigencia del MAS —conformada por el entorno del Morales— ya le bajó el pulgar y le dijo que ya no forman parte del Gobierno, el mandatario tiende a terminar su mandato bajo fuerte presión interna. Más que la oposición, Morales resultó su enemigo político, que incluso porfía por que las organizaciones sociales le quiten respaldo y su gobierno sufra las consecuencias.

El MAS está partido, eso es real. Se vislumbra más que silletazos en el congreso de Lauca Ñ. Y las primarias, que tendrían que ser democráticamente dirimidoras, están desahuciadas, a juzgar por la grave fractura. Quizás.

(*) Rubén Atahuichi es periodista

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