En los últimos años, una de nuestras preocupaciones estuvo centrada en la necesidad de transformar la ciudad de La Paz, pero no solo en lo que se refiere a un cambio de imagen, sino más también a una perspectiva integral. Esto significa partir del reforzamiento de criterios que aprovechen la riqueza que implica toda transformación por su trascendencia para una urbe.
El significado de transformación dentro del ámbito arquitectónico no deja de ser comprometedor, debido a que exige la unión entre las disciplinas urbanas y el diseño. Por tanto, se espera que todo cambio circunscrito en la arquitectura genere propuestas que se caractericen por entender a su ciudad. Y si bien lo actual busca de alguna manera romper el pasado sin nostalgias ni prejuicios, ello no quiere decir que cada país deje de cuidar celosamente su historia y su patrimonio arquitectónico.
Hace algunos días tuvimos la oportunidad de observar, analizar y “descifrar”, junto con otros colegas con los que fuimos parte de un tribunal, cerca de una treintena de anteproyectos de arquitectura. Si bien abordamos cada uno de los proyectos desde diversas perspectivas, establecimos que todos fueron concebidos como respuesta a las demandas espaciales que exigía el propietario. Algo lógico en un concurso de arquitectura de este tipo.
Además de que los buenos proyectos fueron pocos, con pesar determinamos que el resto no ha comprendido que la arquitectura requiere transformarse, esencialmente porque vivimos en un nuevo siglo. Por tanto, no solo se trata de conservar la arquitectura del pasado, sino sobre todo de crear, que no es lo mismo que imitar modelos externos. Tampoco faltó aquel anteproyecto atractivo que lamentablemente olvidó alguna planta, lo cual lo dejo atrás. Sin duda, lo que faltó fueron anteproyectos que logren sorprender por su arquitectura proponente, y nuevas soluciones formales y espaciales con identidad propia.
El hecho de que la mayoría de los anteproyectos fueron realizados por personas relativamente jóvenes nos lleva a hacer una recomendación en el ámbito de la formación de recursos humanos: es necesario reforzar la enseñanza de la arquitectura en las universidades. Esto porque en un buen número de anteproyectos faltó la propuesta con visión distinta, o en su caso, el diseño arquitectónico dentro de una armonía formal y una solución espacial y estructural bien logradas. En otras palabras, un planteamiento arquitectónico bien planteado que “impacte” por su valores integrales bien concebidos y que esté apegado a las bases establecidas para el concurso (en este caso, la integración con la plaza Abaroa).
Para nosotros, la palabra transformación se circunscribe a todo aquello que logra fortalecer un debilitamiento, ampliar una reducción conceptual y también proyectar una conversión o cambio. En síntesis, no existe transformación alguna si no viene acompañada de creatividad. Es por eso que en la actualidad toda propuesta, además de formar parte de la transformación en una buena obra de arquitectura, debe estar espacialmente “conectada” con su ciudad.






