Según alerta un reportaje publicado el domingo en este diario, miles de cerdos se alimentan en los basurales del país cada día. Y lo peor de todo es que la carne de muchos de estos animales termina en los platos de la población. Mientras que sus restos, provenientes de mataderos clandestinos, acaban en los lechos de los ríos, con todos los riesgos e impactos que ello implica para la salud de la población y del medio ambiente.
Por ejemplo, un reportero de este diario visitó en dos ocasiones el relleno sanitario de El Alto, y en las dos oportunidades pudo observar cientos de cerdos alimentándose de los desperdicios, incluso de excrementos. Según estimaciones de los propios criadores de chanchos, son aproximadamente un millar de cerdos que ingresan por un costado al botadero cada día. E incluso, de acuerdo con un dirigente de la empresa que trata la basura alteña, tendrían un “convenio” con la municipalidad para acceder a aquel lugar.
Consultada al respecto, la Directora Municipal de Gestión de Residuos de El Alto rechazó la existencia de este convenio; no obstante, reconoció el ingreso frecuente de porcinos y de otros animales al botadero, sin adelantar ningún emprendimiento proyectado para evitar este extremo. El cual, dicho sea de paso, debería tomar en cuenta varios factores estructurales relacionados con la pobreza.
Y es que, según el testimonio de uno de los dirigentes del barrio donde se encuentra el botadero (Villa Ingenio), quienes se dedican a esta actividad antes pasteaban ovejas y ganado para su supervivencia, labor que complementaban con el cultivo de algunos productos agrícolas como la papa. Sin embargo, tras la paulatina ampliación del relleno sanitario, tuvieron que abandonar sus cultivos por la contaminación, y se vieron obligados a cambiar su ganado ovino por cerdos, ante la llegada masiva de perros callejeros y de enfermedades.
A este fenómeno se suman decenas de mataderos ilegales instalados en casas particulares, los cuales vierten la sangre y los desechos de los animales sin ningún tipo de tratamiento al río Seke y a otros afluentes del lago Titicaca.
Es decir que se trata de un gravísimo atentado contra la salud pública y el medio ambiente que se da por doble partida. Por un lado, hablamos de cerdos alimentados con basura cuya carne termina en los platos de algunos pobladores, lo que puede derivar en graves problemas de salud, pues por su dieta insalubre los cerdos son portadores de peligrosas enfermedades como la cisticercosis, mejor conocida como triquina, que puede afectar los intestinos, el hígado y el cerebro.
Y lo propio ocurre con los mataderos ilegales, en los que la falta de higiene en el faenado, el manejo de los residuos y en la eliminación de aguas servidas y la sangre constituyen la norma. Negligencia que genera riesgos críticos para la salubridad de las personas y la biodiversidad de la región. De allí que sea más que necesaria la implementación de políticas de Estado para combatir estas nocivas actividades.






