En 2012, el alcalde Percy Fernández le dio una nalgada a la entonces presidenta del Concejo Municipal de Santa Cruz, quien pronunciaba un discurso en un acto público. En 2014, la misma autoridad manoseó la pierna de una periodista mientras ella lo entrevistaba. Ese mismo año besó por la fuerza a una funcionaria y luego se mofó del acto ante sus colaboradores.
Son al menos esas tres ocasiones en las que la autoridad, por muchos años titular de la comuna de Santa Cruz de la Sierra, incurrió en graves agresiones sexuales contra una mujer. Si bien esas actuaciones causaron el repudio de la población a través de los medios de información y las redes sociales, el Alcalde parece no haberse inmutado de la repulsa; siguió con otros actos condenables, incluso tuvo varios impasses con los periodistas y a una de ellas le gritó “cara de dengue”, incómodo por ciertas preguntas.
Vergonzosas actitudes, no mellaron su popularidad política, al punto de ser considerado uno de los mejores alcaldes por parte de las autoridades del Gobierno, entre ellas el presidente Evo Morales, a quien también le cantó una copla obscena en una celebración pública.
Muchos dirán que es su forma de ser, que ya es demasiado mayor como para corregirse… Tan indignante comportamiento, no puede sino generar repugnancia. Pero más repugnancia causa quienes toleran esas actitudes.
Le tocó a un amigo suyo, el exembajador en Brasil Jerjes Justiniano, una notable personalidad política y académica, que en la celebración del aniversario de la fundación de Santa Cruz alabó a Fernández con un discurso adulador que ahora genera rechazo y críticas en el país. “¿Saben ustedes por qué Percy no es censurado cuando se le va la mano y le tira por ahí una escapadita o una besada a alguien, se han preguntado ustedes? (…). Porque nos identificamos con Percy, ése es el éxito de Percy (…); todos quisiéramos hacer eso que hace Percy, pero no tenemos el coraje de hacerlo”, dijo.
Consideró que ésa es la identidad del Alcalde. “Es un camba que realmente nos representa a todos”, complementó, para indignación de quienes lo escucharon y saben del carácter torpe de la autoridad.
No es posible comprender las palabras de Justiniano. Primero, no creemos, como muchos lo dicen ahora, que Fernández sea la representación cruceña con ese tipo de actitudes, y, segundo, esa deferencia naturaliza la virulencia con la que muchas personas actúan en contra de las mujeres, sea de palabra o con hechos hasta criminales.
Son muchos los esfuerzos que se hacen desde la gestión pública, la convicción de muchas instituciones y la adhesión de la sociedad en favor de los derechos de las mujeres. Así, es inaceptable la revictimización de las mujeres a través de ese discurso.
Mientras no cortemos de raíz esa forma de violencia que socava los derechos de las personas, especialmente de las mujeres, será difícil plantearnos una lucha real contra el flagelo que cada vez está quitando vidas de seres vulnerables.
Hacemos votos por que cada día el agravio a las mujeres sea menor, hasta lograr una sociedad de iguales, con los mismos derechos y las mismas libertades.






