La semana pasada, la Agencia del Medicamento (FDA) de EEUU dio luz verde a la comercialización de un nuevo fármaco, el segundo de su tipo, para tratar la falta de deseo sexual entre mujeres premenopáusicas. Su nombre comercial es Vyleesi, y a diferencia de su competidor (Addyi), no se trata de una pastilla, sino de un inyectable que se aplica con un autoinyector en el abdomen o en el muslo.
Este nuevo medicamento ha sido presentado como más efectivo que el de la competencia, y con efectos secundarios más “tolerables”. Además, no hace falta restringir el consumo de alcohol y tampoco necesita ser aplicado de manera regular, como sí ocurre con la pastilla Addyi, ya que es de acción rápida y bastaría un pinchazo subcutáneo 45 minutos antes de la actividad sexual; en palabras de sus promotores.
Sin embargo, diferentes expertos no comparten esta opinión, y advierten que este fármaco, al igual que el anterior, puede ser un muy buen negocio para la industria (los analistas estiman que podría reportar ventas anuales de aproximadamente $us 1.000 millones), pero no así para la salud de las mujeres. Y es que, por un lado, su efectividad, que fue probada en dos ensayos controlados con más de 1.200 mujeres premenopáusicas con apatía sexual, sigue siendo muy baja.
De acuerdo con los datos difundidos por la prensa internacional, solamente el 25% de las mujeres que participaron en los ensayos reportaron un incremento en su deseo sexual, apenas un 8% más respecto al porcentaje de aquellas que respondieron positivamente con un placebo (el 17%). Por otro lado, los efectos secundarios registrados durante los ensayos incluyeron “dolor de cabeza, sonrojo y náusea”.
Pero las principales críticas contra este fármaco devienen detrás de su esencia, porque a diferencia de lo que ocurre con la pastilla azul, que trata de corregir una disfunción “mecánica” entre los varones (la falta de irrigación de sangre hacia el pene), este fármaco es en realidad un antidepresivo que busca influir en la libido de las mujeres modificando el nivel de tres neurotransmisores en el cerebro (la norepinefrina, la dopamina y la serotonina). De allí que se hayan elevado voces de alerta ante la posibilidad de que podría generar efectos secundarios, como adicción entre las usuarias.
Asimismo, varias activistas que defienden los derechos de las mujeres cuestionaron el hecho de que la FDA no haya congregado a un panel de expertos, para escrudiñar las cualidades y efectos del fármaco. Este es el caso de Cynthia Pearson, directora ejecutiva de la Red Nacional de la Salud de la Mujer en EEUU, quien en una entrevista publicada por The Washington señaló que su organización estaba “decepcionada” tras la aprobación del fármaco; a tiempo de advertir que las mujeres “simplemente no tienen suficiente información para tomar una decisión sabia sobre si el fármaco es seguro y efectivo”. La polémica está servida.






