Han pasado 18 años desde que George W. Bush decidiese invadir Afganistán en respuesta a los ataques del 11-S, cuando terroristas de Al Qaeda destruyeron las Torres Gemelas. Se trata de la guerra más larga en la que EEUU se ha visto inmerso hasta ahora, y a pesar de haber lanzado más bombas que en ningún otro conflicto, ha quedado claro que la maquinaria bélica más poderosa del planeta no puede acabar con los talibanes; tal como lo experimentaron en carne propia los soviéticos.
En la película War Machine, dirigida por David Michôd, la actriz Tilda Swinton, que interpreta a una política alemana, le explica en pocas palabras al comandante de las tropas norteamericanas, Stanley McChrystal (interpretado por Brad Pitt), el porqué del fracaso estadounidense en este conflicto: “Están librando mil batallas contra gente local que no los quiere en sus pueblos, y esa es una guerra que nunca ganarán”. En la misma cinta, otros oficiales le advierten que “no puedes construir una nación a punta de pistola (…) ni ganarte la confianza de un país invadiéndolo”. Verdades de Perogrullo que al parecer el Pentágono no termina de comprender.
El problema es que en medio de este conflicto entre talibanes y EEUU se encuentra gente común y silvestre, que es la que lleva la peor parte, al extremo de que en 24 de las 36 provincias del país los combates son pan de cada día, al igual que las matanzas, perpetradas tanto por los terroristas como por el fuego cruzado. Con lo cual, este conflicto solo ha servido para recordarnos que no existe ninguna guerra en la que no se cometa atrocidades.






