Agobiados por la falta de recursos, la tardanza en el arribo de medicación vital para su subsistencia y ante la imposibilidad de recibir atención paliativa, pacientes que padecen cáncer y epilepsia demandan apoyo de parte de las autoridades nacionales, regionales y locales.
Debido a las restricciones que rigen por la cuarentena total (vigente desde el 22 de marzo) y dado que las enfermedades que sufren las ubican en el grupo de alto riesgo, muchas de estas personas se han visto en la imposibilidad de salir a trabajar, siendo la mayoría comerciantes que viven de ingresos al día.
“Algunos no pueden pagar sus medicamentos, es gente que vive de la venta diaria y si el dinero no alcanzaba antes, peor en esta situación”, explicó Rosario Calle, representante de los enfermos con cáncer.
Este grupo de pacientes se enfrenta a dos problemas más: el primero, la suspensión de las sesiones de braquiterapia (un tipo de radioterapia), que se realizan en la ciudad de Santa Cruz y al estar prohibidos los viajes, el mal merma su salud día que pasa.
“Los pacientes con cáncer no tienen tiempo para esperar. Son mujeres, son madres que padecen cáncer cervicouterino, han terminado la radioterapia y la quimioterapia y necesitan la braquiterapia para salvar sus vidas. Las autoridades deben buscar soluciones, en La Paz se puede hacer en otros centros”, dijo la representante.
Además, unos 25 de sus asociados requieren tratamientos paliativos en sus hogares. El Servicio Departamental de Salud (Sedes) comprometió la asignación de un chofer que traslade a los equipos médicos hasta sus hogares, “pero hasta ahora no hay nada. Durante esta pandemia fallecieron siete asociados, evidentemente ya tenían la enfermedad avanzada, pero hubiésemos querido que tengan una muerte digna, sin dolor, con atención paliativa”, lamentó Calle.
Fármacos costosos
El caso del otro grupo que demanda apoyo es similar. La mayoría de quienes están afiliados a la Asociación de pacientes con epilepsia de La Paz es cuentapropista, comerciante. “Nuestros asociados no están pudiendo trabajar porque pertenecen al área informal y los medicamentos que necesitan son altamente costosos”, informó Juan Quijo, representante de esa organización.
Citó como ejemplo tres de los fármacos base que consumen para evitar las convulsiones, el más barato llega a costar Bs 360 y el más caro Bs 960. A eso se suma que la importación de fármacos viene sufriendo una serie de retrasos por las restricciones del aislamiento total.
“Hemos remitido notas a las autoridades, al ministerio de Salud, al de la Presidencia, a la propia Presidenta y a la Gobernación y a la Alcaldía, pero no tenemos respuesta favorable a nuestro pedido”, indicó Quijo, quien pidió ayuda para este sector.






