El sector productor de grandos enfrenta su peor año en una década. La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) reportó que la producción total de granos como soya, maíz, trigo, girasol, sorgo y chía cayó un 50% en comparación con 2023. Este descenso se tradujo en un movimiento económico de $us 1.200 millones, 34% menos que el año pasado.
Los datos revelan que, tras las campañas de verano e invierno, se produjeron solo 2,9 millones de toneladas de granos, en comparación con las 5,8 millones de 2023.
La producción de soya alcanzó las 2.026.412 toneladas, una caída del 37%, mientras que el trigo sufrió la mayor pérdida, con apenas 37.959 toneladas producidas, un descenso del 72%.
Por otro lado, el girasol, con 102.526 toneladas, y el sorgo, con 478.944 toneladas, también presentaron reducciones significativas del 45% y 72%, respectivamente.
La producción de chía es la que representa la mayor reducción, ya que se produjo 1.082 toneladas, un 82% menos que el año anterior.
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Clima
Fernando Romero, presidente de Anapo, señaló que los factores climáticos, como la sequía, fueron determinantes en la crisis.
«Las malas condiciones climáticas afectaron las dos campañas de producción, especialmente los cultivos de rotación, esenciales para la seguridad alimentaria del país», afirmó.
En 2024 el país atravesó el periodo de sequía más fuerte en los últimos 20 años, por lo que la producción se vio afectada.
Avasallamientos
Además, según la Anapo, a la crisis climática se sumó la “incertidumbre jurídica” por los avasallamientos de tierras, que afectan cerca de 70.000 hectáreas en el norte de Santa Cruz y otras 20.000 hectáreas en la provincia de Guarayos.
Esta situación, según la institución, compromete la capacidad productiva de la región ya genera desincentivos e incertidumbre.
Diésel
Otro factor relevante fue la escasez de diésel, que elevó los costos de producción y dificultó las labores agrícolas. Desde el mes de noviembre la distribución del combustible fue irregular, lo que impidió que los productores realicen con normalidad sus actividades.
A esto se sumó la reciente suspensión de exportaciones de aceite, lo que generó incertidumbre para los productores. «Estas restricciones desincentivan la producción, generan sobreoferta en el mercado local y provocan caída de precios», explicó Romero.
Seguridad alimentaria
Sin embargo, la Anapo reafirmó su compromiso con la seguridad alimentaria de Bolivia y proyectó la siembra de 1,4 millones de hectáreas para la campaña de verano 2024-2025. Hasta la fecha, se avanzó un 65% en las labores de siembra, con la expectativa de concluirlas en diciembre.
«Es fundamental que el Gobierno brinde seguridad jurídica, garantice el suministro de diésel y elimine las restricciones a la exportación», afirmó Romero. También destacó la necesidad de implementar tecnologías de semillas genéticamente modificadas (GM) para enfrentar las adversidades climáticas y mejorar la productividad.
El Gobierno, por su parte, retomó las exportaciones de aceite, aprobó dos eventos de biotecnología en la producción de soya y afirma que el problema del diésel solo persiste en algunas regiones.







