EMPRENDIMIENTO
Patra es una exitosa marca de ropa deportiva femenina hecha en Bolivia, fruto del trabajo de su propietaria, Amelia Solórzano. Refleja el trabajo de una mujer boliviana excepcional, que supo reinventarse y prosperar frente a los desafíos de la economía y la vida.
Amelia Solórzano empezó el trabajo de Patra en 1994. “En ese momento estaba atravesando por una crisis familiar, tenía los niños y estaba embarazada de una tercera. Fue una forma de buscar un ingreso para sostener a mi familia”, cuenta. El emprendimiento comenzó con dos máquinas de coser de uso doméstico y el apoyo de una vecina.
En los primeros años, aprovechó la oportunidad generada por la paridad cambiaria en Argentina. Solórzano recuerda que “llegaban buses completos desde Buenos Aires para comprar” en Yacuiba. “Uno vendía lo que llevaba”, afirma.
Este primer momento de éxito se detuvo abruptamente cuando llegó la crisis de los años 2000 y 2001. La moneda argentina cayó, el contexto regional y global era negativo y la economía boliviana atravesaba por una depresión. Patra tuvo que suspender sus operaciones en esos años y despedir a todo el personal.

“Ya en 2002 empecé a vender en la Feria de Barrio Lindo, que es el principal mercado mayorista en Santa Cruz y la verdad es que desde la primera vez que nos presentamos nos fue muy bien. Todo lo que llevé lo vendí”, explica.
Patra volvió a crecer y se abrió mercados en los otros departamentos y volvió a las ciudades fronterizas, hacia los países vecinos. “En 2008 invertimos lo ahorrado en la fábrica modelo que tenemos ahora”, relata Solórzano.
En la actualidad, Patra es una marca consolidada a nivel nacional, con distribuidores en los departamentos y ciudades intermedias, además de continuar llegando más allá de nuestras fronteras.
Patra está conformada por un equipo de 25 personas, donde “aproximadamente el 85% son mujeres”, indica Solórzano.
Esto ha significado también que la empresa entienda las demandas de un plantel con una presencia femenina mayoritaria. “No trabajamos en horarios extremos e incluso a veces acortamos un poco el almuerzo para salir más temprano. Hubo casos en los que una mamá no tenía dónde dejar a su niño, lo traía aquí y así muchos crecieron viendo el trabajo”.
Esto establece una relación de compromiso mutuo, que deriva en una presencia estable y prolongada de las trabajadoras. “Se quedan muchos años. Hay personas que están ya más de diez años”, señala la propietaria. El desafío actual es dar el paso a que una nueva generación tome la posta. “Lo que espero es que se incorporen mis hijos y que ellos sean la seguridad de que Patra va a continuar”, dice Solórzano.








