El recorte de la producción de petróleo por parte de Arabia Saudita y de sus aliados dejó en evidencia que el príncipe heredero, Mohammed bin Salman, está dispuesto a dejar de lado las consideraciones sobre los intereses de EEUU, para reafirmarse en una política energética nacionalista destinada a financiar una costosa puesta a punto de su reino.
La medida del fin de semana fue una sorpresa, después de que el ministro de Energía de Arabia Saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salman, dijo en privado a analistas de la industria en febrero que su país toleraría que los precios del petróleo cayeran hasta alrededor de $us 65 por barril.
El crudo Brent, el punto de referencia internacional, tenía una tendencia a la baja desde finales del año pasado por los temores de una recesión mundial, llegando a bordear los $us 70 en marzo.
El lunes 3, los precios del petróleo registraron su aumento más pronunciado en un día en más de un año, subiendo en 6,3% a $us 84,93 por barril.

Ahora, el precio ya se cotiza por arriba de los $us 85.
Pese a la gran y significativa relación de alianza del reino saudí con los EEUU, esta es la segunda vez en menos de seis meses en que se pasan por alto las preocupaciones norteamericanas. La potencia mundial teme que los precios elevados del petróleo ayuden a impulsar la maquinaria guerrera de Rusia, ahora desplegada en Ucrania. El recorte de producción del domingo 2 es la señal más clara hasta ahora de que los saudíes harán lo que sea necesario para mantener los precios del petróleo en niveles que los beneficien. El príncipe Mohammed implementa lo que los analistas denominan una política económica de “Saudí Primero”, destinada a dar prioridad a los intereses nacionales en un momento de creciente incertidumbre mundial. En la coyuntura también está en cuestión el compromiso de EEUU de defender a sus aliados de Medio Oriente en medio de una mayor competencia entre las grandes potencias en la región. Según personas allegadas a la familia real, el príncipe Mohammed quiere ver cosas concretas a cambio de todo lo que él percibe que le da a Washington.
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Funcionarios y analistas relacionados con la política petrolera saudí dicen que la medida de Riad no fue una sorpresa; necesita defender precios más altos para pagar proyectos de desarrollo masivos en el país. Algunos son tan grandes que los saudíes los llaman ‘gigaproyectos’. Por ejemplo: un centro turístico en el mar Rojo del tamaño de Bélgica, con hoteles estilo Maldivas flotando sobre el agua y una ciudad futurista de alta tecnología de $us 500.000 millones en el desierto, cuyo plan es 33 veces más grande que Nueva York.
El economista para Oriente Medio y África del Norte de Goldman Sachs, Farouk Soussa, aseveró que Arabia Saudita hoy está menos inclinada a subordinar sus propios intereses económicos para apoyar los de EEUU.
“Los saudíes tienen que protegerse contra los escenarios a la baja” de la recesión global y las implicaciones para la demanda de energía. Explicó que un promedio anual de precios por debajo de los $us 80 podría derivar en un déficit presupuestario, explicó.







