La biotecnología agrícola se presenta como una solución posible y vital para los desafíos que encara Bolivia en términos de productividad y hacer frente al cambio climático. En un país donde la agricultura es un pilar económico fundamental, el uso de transgénicos podría marcar una diferencia significativa en la capacidad de los agricultores para adaptarse a las condiciones cambiantes del clima y mejorar sus rendimientos. Sin embargo, la adopción de esta tecnología no ha sido oficializada por el gobierno, y una gran parte de los cultivos transgénicos se encuentran en un limbo legal. Esta situación plantea preguntas cruciales sobre el futuro de la biotecnología en Bolivia y la producción agrícola, tanto para el consumo interno como para las exportaciones.
El experto agrícola Marín Condori ofrece una visión detallada de la situación actual, destacando que aproximadamente el 70% al 80% de la superficie cultivada de maíz en Santa Cruz utiliza variedades transgénicas ilegales. Esta tendencia se extiende también a otros cultivos como la soya, aunque en menor medida. A pesar de la ilegalidad, estos cultivos han demostrado su adaptabilidad y rendimiento en las condiciones locales, lo que sugiere un potencial desaprovechado debido a la falta de regulación oficial. El profesional argumenta que la homologación de estos cultivos podría ser un primer paso crucial para formalizar su uso y aprovechar sus beneficios de manera más eficiente y segura.
La biotecnología, según Condori, no solo ofrece una solución técnica para aumentar los rendimientos agrícolas, sino también una estrategia para enfrentar los efectos adversos del cambio climático. Con eventos transgénicos que toleran sequías y nuevas plagas, los agricultores podrían mejorar su resiliencia ante las variaciones climáticas extremas. Sin embargo, el experto enfatiza que el éxito de los transgénicos también depende de la implementación de prácticas agrícolas conservacionistas y de una política pública coherente que fomente la investigación y el desarrollo de estas tecnologías. La colaboración entre el Gobierno, el sector privado y las universidades es esencial para lograr un enfoque integral y sostenible en la investigación y desarrollo en Bolivia.
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Transgénicos
—¿Cuál es, desde su punto de vista, la situación actual de la biotecnología en Bolivia?
—Bueno, depende mucho de los cultivos. En Santa Cruz, cultivamos maíz, sorgo, girasol y soya. En el caso del maíz, alrededor del 70% al 80% de la superficie está sembrada con variedades transgénicas ilegales, ya que el gobierno no las ha autorizado. Estos son principalmente maíces híbridos amarillos.
—En los otros grandes cultivos como la caña, la soya y el sorgo, ¿cómo está la situación?
—En soya, también hay eventos transgénicos no autorizados. Solo uno está aprobado oficialmente, que es resistente al glifosato. Aproximadamente el 40% al 50% de la soya sembrada es transgénica. En cuanto a la caña y el sorgo, aún no hay materiales transgénicos, ni legales ni ilegales.
—¿Qué sería lo ideal? ¿Hacia dónde debería avanzar el país en el uso de biotecnología?
—Primero, deberíamos homologar las variedades transgénicas ilegales ya utilizadas, similar a legalizar vehículos no registrados. Estos materiales ya están adaptados y tienen un comportamiento agronómico conocido en nuestra región, por lo que legalizarlos sería un proceso más rápido y con menos riesgo. A mediano plazo, podríamos investigar y desarrollar nuevas variedades con estos eventos ya legalizados. A largo plazo, Bolivia debería crear sus propios eventos transgénicos, pero eso tomaría entre 15 y 20 años. Es crucial que en algún momento el país desarrolle su propia investigación para no depender siempre de tecnologías externas, ya que esto podría tener implicaciones significativas en el futuro.
—¿Cómo se puede justificar el uso de biotecnología en un país como Bolivia, especialmente ante el cambio climático?
—La biotecnología es crucial para enfrentar el cambio climático, con eventos que toleren sequías y nuevas plagas. Sin embargo, el transgénico por sí solo no es suficiente; debe ir acompañado de prácticas agrícolas conservacionistas, como la siembra directa y la rotación de cultivos, para mejorar los rendimientos. El cambio climático es una realidad que afecta la disponibilidad de agua y la aparición de nuevas enfermedades y plagas. Con la biotecnología podemos desarrollar cultivos más resistentes y adaptados a estas nuevas condiciones. Además, una agricultura bien manejada, que incluya la conservación del suelo y el uso de cultivos de cobertura, puede maximizar los beneficios de los transgénicos.
—Mucho se ha especulado sobre la resistencia del Gobierno a los transgénicos, argumentando que perjudicaría a los pequeños productores. ¿Qué opina al respecto?
—Es un argumento erróneo. Los pequeños y medianos agricultores se benefician más de los transgénicos porque no tienen los recursos que los grandes productores sí poseen. La semilla certificada y de calidad mejora los rendimientos y es crucial para estos agricultores. El agricultor grande tiene acceso a tecnología avanzada y recursos, pero el pequeño no. Los transgénicos pueden proporcionarles una ventaja competitiva, ayudándoles a aumentar su producción y enfrentar mejor las adversidades climáticas. Aunque la semilla transgénica puede ser más cara, su rendimiento superior y resistencia a enfermedades y plagas compensan la inversión inicial.
—¿Cómo está el país en términos de productividad agrícola y cómo podemos mejorar esta situación?
—La productividad puede mejorar con una gestión integral que incluya buenas prácticas de manejo del suelo y el uso de semillas transgénicas adaptadas. Otros países como Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina tienen rendimientos mayores porque integran la tecnología de manera efectiva. No se trata solo de tener mejores semillas, sino también de implementar prácticas agrícolas modernas, como la rotación de cultivos y el uso de rastrojos para conservar la humedad del suelo. La educación y la transferencia de tecnología son fundamentales para que los agricultores adopten estas prácticas. Además, es necesario un enfoque político y estratégico para fomentar la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías agrícolas en Bolivia.
—¿Quiénes están trabajando en desarrollo genético y biotecnología en Bolivia?
—El Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), brazo operativo del Estado, trabaja muy poco con transgénicos. La investigación está mayormente en manos del sector privado, como la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) y empresas internacionales. Es crucial que se oriente la investigación como una política pública. Actualmente, las universidades también están comenzando a involucrarse, pero desarrollar una variedad toma tiempo. Aunque se están realizando investigaciones aisladas, no es aún una política transversal. Sin embargo, es esencial que las universidades públicas lideren la investigación en biotecnología. Las universidades deben jugar un rol más activo en la investigación y desarrollo de transgénicos, colaborando con el sector privado y el Gobierno para crear una estrategia de biotecnología nacional.
—¿Qué rol juegan universidades en esto?
—Las universidades están comenzando, pero desarrollar una variedad toma unos ocho años. Aunque se están realizando investigaciones aisladas, no es aún una política transversal. Sin embargo, es esencial que las universidades públicas lideren la investigación en biotecnología. Las universidades deben jugar un rol más activo en la investigación y desarrollo de transgénicos, colaborando con el sector privado y el gobierno para crear una estrategia de biotecnología nacional.







