Una de las mayores genialidades del cine nació de casualidad y en cuestión de minutos. Corría enero de 1914 y un actor británico de varietés recién llegado a Hollywood, de nombre Charles Spencer Chaplin (1889-1977), tenía el tiempo contado para componer un personaje que conformara al exigente director Mack Sennett. “En el camino al guardarropa pensé en usar pantalones bombachos, grandes zapatos, un bastón y un sombrero hongo. Quería que todo fuera contradictorio: los pantalones holgados, el saco estrecho, el sombrero pequeño y los zapatos anchos. Estaba indeciso entre parecer joven o mayor, pero recordando que Sennett quería que pareciera una persona de mucha más edad, agregué un pequeño bigote que, pensé, agregaría más edad sin ocultar mi expresión. No tenía ninguna idea del personaje, pero tan pronto estuve preparado, el maquillaje y las ropas me hicieron sentir el personaje, comencé a conocerlo y cuando llegué al escenario ya había nacido por completo”, comentó décadas más tarde acerca del surgimiento de su personaje Charlot, el propio Chaplin en su autobiografía.
Este episodio pinta de cuerpo entero a un artista que durante la entrevista se esmera en convencer a Harry Carr, uno de los periodistas más influyentes de Los Ángeles, de que su obra era más fruto del instinto que de elaboraciones intelectuales. El disparador del diálogo es la más reciente película de Chaplin por esos días, La quimera del oro, un filme que en la década de 1990 sería elegido por el American Film Institute como una de las 100 mejores películas de la historia.
La cinta era protagonizada por Charlot, un personaje que diez años después de creado ya no se limitaba a los gags de golpe y porrazo, sino que había ganado más espesor dramático, al igual que el Chaplin que estaba sentado frente a Carr esa noche. El cineasta era por entonces la mayor estrella del cine, pero su vida pública había causado no pocos revuelos, en especial por su tendencia a casarse con mujeres extremadamente jóvenes. En 1918 casó a Mildred Harris, de 16 años, de la que se separó en 1920. Un año antes de la entrevista, en 1924, había tropezado con la misma piedra al contraer matrimonio con Lita Grey, de 17 años, con la que tuvo una tormentosa relación que comenzó mal y que terminaría en los juzgados en 1927. Pero la seriedad que aflora en la entrevista parece estar ligada a cuestiones más profundas y es por eso que, para sorpresa del entrevistador y del lector, Chaplin confiesa más apego a la tragedia que a la risa. El payaso melancólico estaba esa noche a flor de piel.
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