Nació en un vallecito potosino bajo la confluencia de tres ríos, de donde guarda los más hermosos recuerdos de su infancia, y luego se mudó hacia Catavi, aquel centro minero donde empezó con sus estudios primarios. Destacado en los trabajos manuales, como la talla de madera, su ineludible gusto por la música lo llevó a la construcción de charangos desde su adolescencia. “Mi abuelo los fabricaba mientras yo lo contemplaba en su taller, de ahí viene mi afición y cariño por ese instrumento”.
En virtud de su manifiesta habilidad, la escuela de la Empresa Minera Catavi le concedió una beca para la carrera de Bellas Artes en la ciudad de La Paz, aunque posteriormente Mario Vásquez viró hacia la Escuela Industrial Pedro Domingo Murillo, de donde egresó como técnico superior, y de allí hacia la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Él admite que sus inclinaciones siempre estuvieron marcadas por el dibujo, la pintura, la escultura, la música y la literatura. Fue en la universidad donde integró un grupo de música y canto, afición que también lo llevó a anotarse en la Sociedad Boliviana del Charango y lograr su participación en el Festival de los mil Charangos que se realizó en Potosí en 2009.
Y como además le gusta la literatura, después de una noche de sueño intermitente se dio a la tarea de escribir la Leyenda del Charango. “En 2012 tuve un sueño y sobre esa base fui creando los personajes con nombres en quechua, que es el idioma que hablo desde niño”. Don Mario también es un férreo defensor del origen del instrumento. “El día 6 de abril de 1973 fue fundada la Sociedad Boliviana del Charango, con el principal objetivo de defender el instrumento como patrimonio cultural de Bolivia. Actualmente se festeja a escala internacional, porque nuestro charango ha cautivado y conquistado a mucha gente en diferentes países, como Japón y Francia, y es que con su encanto va seduciendo al mundo entero”.
Dice que las proclamas chilenas son un sinsentido, que el patrimonio cultural boliviano ha sido claramente identificado y que de nada sirve entrar en polémicas. “Además que nosotros tocamos el charango como ninguno; por más que se lo regalen a Michael Jackson, el charango es nuestro”, dice don Mario, quien prepara un concierto con aquel instrumento que ama.






