La vida le puso pruebas muy duras, pese a ello no perdió la fe ni la dulzura. Las vicisitudes fortalecieron su espíritu, alimentaron su corazón y eso se demuestra en su trabajo desinteresado en favor de niños y adolescentes vulnerables, víctimas de violencia, a quienes apoya dándoles acceso a la justicia.
Hace 16 años, la abogada Roxana Pérez del Castillo se divorció de su primer esposo. En aquel entonces tenía 23 años, era la madre de tres niños y solo había culminado el bachillerato. “Al poco tiempo murió mi papá y al mes y medio mi mamá. De pronto, sin saberlo me había subsumido en uno de los sectores vulnerables de la sociedad. Era madre, divorciada, no era profesional y me había quedado huérfana”.
Su infancia la había pasado fuera del país, por el trabajo de su padre en una entidad internacional y no tenía contactos. Por eso, tras quedar huérfana, su vida dio un giro de 180º porque no contaba con ningún apoyo.
Antes de que su progenitor fallezca, Roxana le dijo que quería trabajar, estudiar y ser profesional como él. Cumplió su anhelo a sus 27 años porque ganó una beca en la Universidad Privada de Bolivia que le permitió hacer la carrera de Derecho. Luego se especializó en Europa. “Cursaba apenas mi primer semestre, mucha gente me decía que deje la carrera, que me case nuevamente o me vaya a otro país. Eran consejos y sugerencias que reflejan una sociedad indolente frente a la realidad de millones de mujeres”.
Sin embargo, la abogada no dio el brazo a torcer y trabajó en una serie de oficios para mantener a sus hijos, pagar el alquiler de su casa y seguir estudiando. “Miré a los ojos a mi destino y vi el reflejo de mis hijos en él, ello acompañado por el eco del amor de mis papás, me llevó a educarme”.
El camino no fue fácil, más aún en una sociedad donde ser mujer, joven y atractiva la tornaba vulnerable a los estigmas. “Siempre demostré que a donde llegué fue por mi esfuerzo y no por un favor. Aprendí a moverme en un mundo patriarcal y a que me respeten”. Cada peldaño que subió y cada desafío le dieron gran fortaleza, sin amargar su corazón y una prueba de ello es que Roxana se siente agradecida. “Prepararme y capacitarme fue difícil, sin duda, pero me trajo donde estoy, paso a paso”. La pareja también fue otro premio, se casó con un hombre de quien dice le aportó mucho en su crecimiento, la llenó de amor y tuvo con él a su cuarta hija.






