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Richard ha vuelto a escribir

Una fundación, un inventor y un fisioterapeuta hicieron realidad su sueño y el de otros en igual situación.

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Por Marco Fernández Ríos
/ agosto 8, 2018
en Escape

Desde lo alto de un cerro en Puerto Acosta se escuchó una fuerte explosión que sin embargo no alertó a la gente reunida en la plaza; era la fiesta de la Virgen de Asunción y encender pirotecnia era parte del festejo, qué podría estar saliendo mal… Pero para Richard Vargas (40 años) esa detonación representó un drástico cambio de vida, para siempre: “Por ganar unos pesitos, fui a trabajar allí. Hubo una mala manipulación de explosivo, estalló y perdí las dos manos”.

Ocurrió el 15 de agosto —hace casi un año— y la historia de Richard ha dado muchas vueltas, desde el desasosiego y la desesperanza hasta el optimismo y las ganas de seguir luchando en la vida, gracias al apoyo de tres personas que han coincidido en su deseo de ayudar a quien lo necesite.

Hace cuatro años, inspirado en las labores solidarias de su abuelo Pascual Pilco, el paceño Antonio Riveros constituyó CREO Bolivia, una fundación sin fines de lucro que comenzó con 13 voluntarios, entre familiares y amigos. “Empezamos con chocolatadas, entrega de ropa y víveres a personas de escasos recursos en Chiaraque, donde nació mi abuelo, en Navidad”, recuerda el también gerente de Drontec, empresa especializada en drones.

“Cuando hay personas identificadas con un mismo sueño y tienen la misma misión, es seguro que algún día se encontrarán en el camino”, afirma. Fue así como conoció a Roly Ronald Mamani, estudiante de Ingeniería Electrónica en la Universidad Pública de El Alto (UPEA), quien desde hace seis años se dedica a la tecnología, pues pretende crear un exoesqueleto que le permita mejorar sus habilidades motrices. Roly es ávido de aprendizaje, por ello se dedicó a la mecánica, informática, programación y electrónica, y de manera autodidacta aprendió mecatrónica.

Paradójicamente, necesita estar alejado de la modernidad para seguir creando, así es que su casa en Achocalla es el refugio ideal para conocer e inventar. En ese camino, le presentaron a un familiar que había perdido una extremidad. “No me gusta quedarme sin ayudar y qué mejor que hacerlo a través de la tecnología”, dice.

Escondido entre carpas solares, campos de cultivo, animales y una laguna, su taller está en constante movimiento, ya que sus tres impresoras 3D —capaces de replicar diseños en tres dimensiones— están trabajando todo el día. Sobre la mesa, mezclados entre rodamientos, destornilladores y soldadoras hay brazos mecánicos sujetos a un maniquí, además de manos de diversos colores y con tecnologías disímiles. Con todo ello investigó, planeó y creó piezas capaces de suplir extremidades superiores o inferiores. “Como no puedo meterme mucho en la parte médica, llegamos a coincidir con mi hermano en este objetivo”, explica Roly. Y es que Juan Carlos Mamani estudia Fisioterapia y Quinesiología desde hace tres años, así es que desde su especialidad ayuda en este proyecto.

Como fundación, CREO Bolivia se encarga de elegir a los beneficiarios, gente de bajos recursos que haya perdido alguna extremidad. Juan Carlos hace la revisión médica y abre un historial. Con esa información, ambos hermanos se reúnen y analizan la mejor solución del caso. A partir de ese momento, Roly diseña y crea los componentes en las impresoras 3D, para luego armar lo que será una mano, un brazo o una pierna. “No se trata solo de imprimir las prótesis, se deben diseñar las partes, hay que hacer pruebas con el paciente y muchas veces debemos replantear el proyecto”, explica Riveros.

“Tardé tres meses en hacer el primer prototipo, en aprender la anatomía del cuerpo, en crear prototipos ergonómicos que no lastimen y sean livianos”, comenta el inventor desde su taller, donde también hay revistas y una armadura de Iron Man.

Richard no recuerda nada de lo sucedido aquel 15 de agosto. Cuando ocurrió la explosión, familiares y vecinos subieron al cerro para socorrerlo. El cuadro era doloroso, ya que además de haber perdido las manos se rompió una pierna y había perdido mucha sangre. Una ambulancia recorrió los casi 200 kilómetros que separan el municipio de Puerto Acosta de La Paz para que el herido fuese atendido.

Cuando Richard despertó a la medianoche de una jornada de noviembre recién cayó en cuenta de que le faltaba parte de su cuerpo. “En ese momento me senté y me pregunté: ‘¿qué hice?, ¿qué me pasó?’”, recuerda. “Dentro de mí comencé a decirme: ‘¿qué voy a hacer?’; pero también pensé que debía ser fuerte y me puse como meta salir del hospital. Sabía que ya no iba a tener la vida de antes, que iba a ser una diferente”.

Durante meses dependió casi por completo de sus hermanas Silvia, Doris, Sandra y Edith, pero con el transcurrir de los meses desarrolló otras habilidades. No obstante, sentía temor de salir a la calle por la mirada inquisidora de la gente y se refugiaba en la soledad de su habitación.

Esta realidad cambió cuando una de las hermanas se contactó con Riveros y los hermanos Mamani, quienes de a poco construyeron las nuevas manos de Richard. “Las prótesis que he hecho son mecánicas, estéticas, funcionan con la flexión del brazo, sin necesidad de electrónica”, explica Roly, quien ahora está diseñando prótesis electromecánicas.

El 23 de junio de este año, Roly recibió —en su laboratorio de Achocalla— a Richard y a sus hermanas. Fue un momento trascendental, por primera vez en su nueva vida aprendió a coger el control remoto de un televisor y también a dar la mano.

“Fue un proceso largo, pero estoy alegre porque las prótesis han cambiado mi vida”, comenta ahora que ya ganó mayor destreza. “Ahora en la calle me siento normal, sin miedo a que las personas me vean de manera extraña. Antes tenía que pedir el favor a los empleados, pero ahora puedo sostener mi tarjeta de discapacitado para subir al teleférico”, comenta Richard a Riveros y los hermanos Mamani en su casa de El Alto.

Luce muy contento y lo demuestra cuando se pone las prótesis sin ayuda de nadie. Cuenta que ya puede abrir la puerta, encender y apagar los interruptores, sostener los cubiertos, sujetar las llaves e incluso escribir, y lo demuestra: apoyado en una mesa al lado de su cama, sostiene un marcador y empieza a anotar su nombre y apellido. Luego, estampa su firma y asegura que pronto volverá a trabajar.

El fin es tener más pacientes y colaboración

Al igual que Richard Vargas, hay varias personas que necesitan ayuda; por esa razón, CREO Bolivia invita a que personas que necesiten prótesis, además de empresarios o especialistas que quieran colaborar en este proyecto, se contacten con la fundación, que se encuentra en la calle 6 de Los Pinos Nº 402. Contactos a los teléfonos 2773610 y 69834002.

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