Cuanto más sube el vehículo por el camino sinuoso del norte chuquisaqueño, más inverosímil parece que en ese lugar haya palmeras. Aseguran que es cierto y que, además, les sirven de alimento, paisaje y para construir sus casas.
El Área Natural de Manejo Integrado El Palmar —distante a aproximadamente 141 kilómetros de la ciudad de Sucre, en el municipio de Presto, provincia Zudáñez— ocupa una región montañosa y planicies bajas y cálidas. A casi 3.200 da la impresión de que la presencia de palmeras es solo una leyenda para atraer visitantes. Pero no hace falta descender mucho para encontrar la primera palmera o janchicoco (Parajubaea torallyi), solitaria entre los resquicios de los cerros y que da paso a una región llena de estas plantas arborescentes o hierbas gigantes.
¿Cómo es que crecen palmeras entre los 1.000 y los 3.200 msnm? Las palmeras aparecieron en el planeta durante el periodo cretácico (entre los 145 millones de años y 66 millones). En aquel tiempo comenzó la división del supercontinente Pangea, que dio como resultado la aparición de los demás continentes. En ese proceso, Sudamérica comenzó a elevarse para formar la cordillera de los Andes. Ante estos cambios geográficos, las palmeras que quedaron en esta parte se adaptaron lentamente al cambio de temperatura, a mayores alturas y menos cantidad de oxígeno. Los ejemplares que sobrevivieron llegaron hasta estas alturas de El Palmar.
“Apreciar palmeras a esta altura es único en el planeta”, comenta Marcelo Arze, director ejecutivo de la Asociación Huellas, que, con el financiamiento del Programa de Pequeñas Donaciones del PNUD, trabajó tres años para capacitar a la población en guiaje, primeros auxilios, gastronomía, interpretación ambiental y patrimonio cultural, para que el territorio reciba visitantes nacionales y extranjeros.
El Palmar es un terreno llano con temperatura de valle, desde donde se observan las montañas y los bosques de palmeras de casi 30 metros de altura, a los que se llega en menos de 10 minutos de caminata. “Con esta palmera vivimos los comunarios, porque recolectamos los frutos, los machucamos y los vendemos para generar recursos”, explica Santos Serrano, uno de los guías turísticos de El Palmar, quien se capacitó gracias al apoyo de la Asociación Huellas. Romper esta especie de piñón pequeño para conseguir el fruto no es fácil, ya que la planta crece en medio de piedra caliza, débil al momento de querer partirlo. Eso lo sabe muy bien Josefa Mesa, quien desde pequeña aprendió que para abrir un janchicoco debe traer una piedra del río. Sentada en el piso, pone el piñón sobre una piedra plana. Luego da un golpe seco al fruto, del que saca una especie de almendra dura, que sirve de alimento a jucumaris, chivos, vacas, ratas e incluso hormigas.
A base del janchicoco, los vecinos de El Palmar elaboran un refresco agradable y espeso, una preparación para curar la tos e incluso llajua para acompañar su comida. Las hojas son utilizadas para techar sus casas, las tejen para hacer joyeros y sombreros, mientras que el tallo puede servir para construir sus viviendas. “Los abuelos sabían hacer sogas, cajas pequeñas y zarzos. Ellos han dejado una herencia para que nosotros la contemos”, dice Santos.
La interrelación con la población y su cultura forma parte de la visita a El Palmar, que incluye una caminata de tres kilómetros para estar cerca de janchicocos, observar pinturas rupestres, llegar a cañones con pozas de agua y, si hay suerte, ver pumas, jucumaris y cóndores.
Es un día especial en El Palmar, pues la Asociación Huellas ha ayudado a construir un albergue turístico con todas las comodidades para seis visitantes. Para celebrarlo, pobladores han tejido adornos con hojas de palmeras, mientras que otros bailan pujllay alrededor de una pukara llena de frutas, gaseosas, serpentina y globos.
Durante la celebración, los visitantes escuchan una leyenda: Hace muchos años se enfrentaron los ejércitos de los yampara y mojocoya. Las huestes se acomodaron en los cerros, algunos a la vista, otros parapetados. Antes de que empezara el combate, el sacerdote que comandaba el grupo más numeroso no quiso ir a la batalla, por lo que subió a una escalera y se ahorcó. En ese momento los combatientes se convirtieron en palmeras que están en los cerros cerca del pueblo y que ahora son los soldados de la naturaleza.
A cuatro horas de Sucre
El Área Natural de Manejo Integrado El Palmar fue creado el 20 de mayo de 1997, a través del Decreto Supremo 24623. Los pobladores son quechuas y se consideran descendientes de la nación yampara o yamparáez. Se tarda cuatro horas desde la ciudad de Sucre para llegar a El Palmar, que tiene, entre otros atractivos, bosques de palmera o janchicoco, senderos largos, además de avistamiento de osos, pumas y cóndores. En la actualidad, El Palmar tiene un refugio para acoger hasta seis personas, con servicio de gastronomía y guiaje turístico. Para más información puede comunicarse con los números telefónicos 68665970, 74422612 y 71463205, o al correo [email protected].






