Se cansaron de la desidia de los varones y se unieron contra un problema común: la contaminación del lago Titicaca y del río Desaguadero. Son 60 líderes bolivianas y peruanas que viven a orillas de estas aguas y que formaron Mujeres Unidas en Defensa del Agua: Lago Titicaca, un proyecto que además de hacer tomar conciencia de la contaminación ha posibilitado que trabajen para proponer soluciones.
El panorama es desolador en el Titicaca y el Desaguadero. La primera causa tiene que ver con la cantidad de botellas Pet, plásticos y otros desechos que forman una especie de alfombra entre el agua moribunda y la tierra. La otra está relacionada con las aguas servidas que llegan de grandes poblaciones y que desembocan en lugares donde hace unos años había vida. El último escenario es la aparición de algas que cubren la superficie del agua y que evitan que las plantas hagan fotosíntesis.
“Como mujeres debemos organizarnos y pronunciarnos al respecto, porque sabemos que somos una parte muy vulnerable”, comenta María Millares, concejala del municipio de Desaguadero, una de las iniciadoras del proyecto binacional.
“Primero es el agua, el oro no se come”, sostiene Brígida Bustincio, dirigente campesina del distrito Capachica, en la provincia de Puno (Perú), quien denuncia que las mineras transnacionales son las principales contaminadoras del medio ambiente, ya que sus desechos son enviados a ríos que desembocan en la también llamada Mama Qhucha (del quechua, Madre de los Lagos).
Ambas dirigentes coinciden en que las familias que viven a orillas del Titicaca y del río Desaguadero están sufriendo porque ha disminuido la pesca de manera ostensible, no hay buena producción agrícola y aumentó la cantidad de niños con infecciones estomacales.
Con el respaldo de la ONG Agua Sustentable, María, Brígida y otras mujeres de Puno y Uros Chulluni (Perú), además de Desaguadero, Puerto Pérez, Pucarani, Santiago de Huata y Tiwanaku (Bolivia) se reunieron por primera vez en julio de 2017 para debatir y pasar talleres de capacitación con el objetivo de encontrar soluciones a la contaminación.
El diagnóstico es desalentador. En el caso peruano, preocupa la contaminación de la bahía de Puno y el desvío del río Mauri. En el lado boliviano, los casos más graves están en Desaguadero y, en especial, en la bahía de Cohana (Pucarani), ya que es ahí donde termina el río Katari, que transporta la basura que genera El Alto.
“La tierra está contaminada, el agua está contaminada. Nosotros requerimos agua limpia para la agricultura, la ganadería y el consumo humano”, reflexiona Brígida, participante de los cuatro encuentros entre líderes de orillas del lago. Más que lamentarse, estas mujeres —con el apoyo de la Embajada de Canadá en Bolivia— se capacitaron en el manejo de medidores de pH (que mide la acidez o alcalinidad de una disolución), del total de sólidos disueltos, conductividad eléctrica y oxígeno disuelto, para monitorear la calidad del agua.
Estas evaluaciones no se quedan en los papeles, sino que son incluidas en la app Suma Uma, que reúne los datos obtenidos y son publicados en la página web Suma Uma – Sistema de Monitoreo Público Social (SMPS), para que sean evaluados por especialistas y por autoridades regionales y nacionales.
El panorama es crítico en algunos casos, porque los niveles de alcalinidad en el agua dulce dificultan el riego para los cultivos, complican el tratamiento de aguas residuales y afectan sobremanera a peces y otras especies que viven en el área.
A través del proyecto también aprendieron a manejar drones para obtener imágenes de la aparición o crecimiento de plantas acuáticas, que surgen por el enriquecimiento de nutrientes en el agua y que disminuyen los niveles de oxígeno, por lo que el agua se asfixia e imposibilita la vida de organismos acuáticos. Al no haber políticas para solucionar este panorama se ha descubierto que la contaminación no se ha detenido.
Como resultado de las capacitaciones y sus debates surgieron algunas soluciones a sus problemas. Comenzaron con la bahía de Cohana, que está llena de botellas Pet, bolsas plásticas, vidrio, pañales desechables e incluso jeringas. Al respecto, el colectivo envió una carta a la alcaldesa Soledad Chapetón para pedirle que otorgue un terreno y ahí se construya una planta de tratamiento para residuos sólidos.
Otra propuesta surgió de la ley municipal Desaguadero, Te Quiero Limpio, que promueve varias acciones para el manejo de la basura y que ordena que al menos dos veces al año se lleve a cabo la limpieza no solo en las riberas, sino también en las comunidades.
Con esta idea, las líderes redactaron un proyecto de ley municipal que fomente el aprovechamiento de los residuos y otorgue derechos y obligaciones a los ciudadanos, con el fin de que sea aprobada en los territorios lacustres.
Por el lado peruano, Brígida pide una ley de cuencas, que se construyan plantas de tratamiento y se respete su cultura. María quiere irradiar con este proyecto a todos los municipios que se encuentran a orillas del Titicaca y el Desaguadero. La mayoría de ellas son concejalas, secretarias ejecutivas de sindicatos o mama t’allas, con la suficiente preparación, carácter y autoridad de mando para trabajar por el medio ambiente.
Si bien el proyecto ha terminado, María está esperanzada en que haya una ampliación o que se presenten otras instituciones que apoyen esta iniciativa, porque sabe que de ellas depende una parte del futuro del río Desaguadero, de la Mama Qhucha y de sus familias.






