Es un pacto que dura un año: cada 8 de noviembre, el Cementerio General de La Paz recibe a visitantes que llevan a sus ñatitas, cráneos humanos “adoptados” por ellos, para que reciban coronas de flores, cigarrillos, comida, bebida y música de ofrenda. Ese día, el portador celebra a su calavera y le pide un deseo por el que pagará el próximo año con agasajo similar. El ritual. La vida y la muerte. La fascinación de una relación ultraterrena atrapó al artista y fotógrafo Sergio Bretel, quien lleva casi una década cubriendo este rito a través de su lente. “Es el último año que voy”, suele repetirse, pero regresa. Como resultado, del 27 de abril al 27 de julio, expondrá la muestra Ñatitas. Retratos inertes de rostros olvidados en el Festival Internacional de Arte Contemporáneo Art.Mo.19 de Lima, Perú.
“Llegué a ellas por casualidad, cuando escuché sobre el ritual. Ahora voy cada año y creo que tengo mi propio pacto con algunas”, explica Bretel. Una de ellas es María, la ñatita a la que siempre va a visitar ni bien llega al cementerio. “Es muy especial para mí, no la uso mucho en exposiciones. Voy a verla primero, hablo un rato con ella y recién empiezo el trabajo con la cámara. No voy a pedirle nada, pero sin duda he creado un vínculo especial con ella”. La ñatita María ha sido heredada de generación en generación y permanece ya 150 años en la misma familia.
En su caminar por el camposanto, el artista encuentra no solo diferentes calaveras, sino que recorre las historias que los huesudos rostros resguardan. “Me gusta sentarme y charlar con la gente antes de tratar de hacer una foto. Primero veo la relación que tiene el dueño o portador con la ñatita. Está la que es heredada por una familia; o una señora que tiene el cráneo de su hijo que murió en un accidente de automóvil a sus 16 años. Hallé a un señor que tiene la calavera de su esposa y que no puede volver a casarse porque la ñatita está en su cuarto. Cada una tiene una personalidad diferente. Algunas son más traviesas, otras más tranquilas. Me interesa mostrar esas historias, porque si bien trabajo en normalizarlas y ponerlas en el mismo lenguaje, la fotografía en blanco y negro, cada imagen me sirve para mostrar el carácter de cada una. Son únicas”.
La muestra se podrá ver en el espacio cultural Monumental Callao, donde estarán también el Centro de Arte de Xiao Hui Wang, Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO), el Museo de Arte Contemporáneo de Lima (MAC), la muestra colectiva de los artistas residentes Fugaz en Mana y la curaduría chilena de Patricio Vogel.
La exhibición del representante boliviano tendrá piezas en formatos diferentes: incluye dos reproducciones de 1,65×1,20m, así como una serie de fotografías más pequeñas y un tríptico con variaciones de una misma toma. Además habrá una instalación sonora armada con capturas de audio en el cementerio del día mismo de la fiesta, en que las calaveras dejan la esfera privada y se hacen públicas.
“Según la tradición, parte del alma se queda alojada en la base del cráneo y esa parte tiene su propia personalidad —revela Bretel—. No es hueso muerto, es un ente vivo con el que se crea un pacto temporal que se sella con la ornamentación. Con mis fotos, yo busco su ajayu”.






