El 16 de diciembre de 1919 llegó el primer hermano de las Escuelas Cristianas de La Salle al país: el francés Denis Donatien. Después arribaron el también francés Judule y el chileno Lucio de Jesús. Por ello, la comunidad lasallista ha declarado este año de júbilo para celebrar el centenario de la presencia de estos católicos que dedican su vida a ofrecer una educación de excelencia para servir a la sociedad, como mandato de su fundador, San Juan Bautista de La Salle.
El mejor recuerdo que tiene Iván Pacheco de cuando cursó primaria en el colegio La Salle de La Paz (en los años 60) es la presencia del hermano Edmundo Febres, pues era quien, además de dedicarse a la enseñanza en primaria, los llevaba de viaje a los Yungas o al lago Titicaca, y también era el encargado de las proyecciones de cine dentro de la unidad educativa que entonces se encontraba en la calle Loayza.
“Había dos patios en dos niveles diferentes. Uno era para primaria y el otro para secundaria. En el extremo de la calle Juan de la Riva había una capilla imponente, donde estaba la estatua de San Juan Bautista de La Salle”. En cuanto rememora el tiempo que pasó en el colegio, su voz se anima y empieza a evocar los 12 años que pasó por el establecimiento educativo dirigido por la Comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
En Francia del siglo XVII, uno de los mayores problemas de la sociedad eran los menores abandonados, quienes tenían un futuro incierto. Ante esa realidad, San Juan Bautista de La Salle trabajó con un grupo de maestros con el fin de crear escuelas gratuitas. “Se les tenía que tratar no como niños de la calle, sino como seres humanos, porque todos fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios. Los hermanos tienen que creer que no están con un estudiante, sino con un hermano menor”, explica Robert Schieler, hermano superior de La Salle, quien visitó el país para participar en las actividades del centenario.
En poco tiempo, el éxito de este tipo de educación se sintió en Brains y París, lo que permitió que las escuelas dirigidas por La Salle se expandieran a toda Francia y, después, al continente europeo.
Por esa razón, el entonces embajador de Bolivia en Francia, Eliodoro Villazón, solicitó —en 1884— la presencia de los Hermanos de La Salle en el país. Esa idea se materializó en 1919, cuando llegaron los hermanos Denis, Judule y Lucio.
José Antonio Díez de Medina, director del colegio La Salle de La Paz y rector de la Universidad La Salle, cuenta que los primeros hermanos hicieron construir una infraestructura en la calle Loayza, por lo que las clases comenzaron en 1923, en el edificio de dos patios y capilla imponente, donde Iván y sus cuatro hermanos se formaron académicamente.
Luego de 60 años, La Salle de La Paz se trasladó desde el centro paceño hasta La Florida. Una de las personas que vivió esa experiencia es Franz Conchari, actual funcionario de la Universidad La Salle. “La transición fue tranquila. De un colegio cerrado y de paredes altas, con leyendas de que había fantasmas, cambiamos a un lugar con mucho contacto con la naturaleza, aunque nuestro problema era el transporte, porque no había muchos vehículos que nos llevaran a la entonces vacía zona Sur”.
Según él, los hermanos de antaño eran más estrictos, aunque, igual que Iván, disfrutaba de las proyecciones de películas que organizaba el hermano Edmundo, como El viaje fantástico de Simbad (1974) o Star Wars: Una nueva esperanza (1977), además de documentales de la época.
Siguiendo la tradición lasallista, los cinco hijos de Iván también pasaron clases en La Salle de La Paz. Uno de ellos, Bernardo Pacheco, quien se graduó en 2008, resalta el festival intercolegial de teatro Indivisa Manent, que empezó en 1930 con la presentación de la obra El estafeta del Chaco, de Antonio Díaz Villamil, y que cada año se lleva a cabo con invitados de Don Bosco, Rosa Gattorno, Hugo Dávila, Sagrados Corazones y Saint Andrew’s, entre otros.
Así como ocurrió en Francia, los colegios de La Salle se ampliaron a siete departamentos de Bolivia, además de contar con la radio San Gabriel y, desde 1990, el instituto de estudios superiores en La Paz.
“Educar no es un trabajo, es una vocación, porque cuando un hermano o un educador entra en el salón, él o ella está pisando una tierra sagrada, como si fuera un templo. Creo que por ese pensamiento nuestra escuela es exitosa”, sostiene el hermano superior de La Salle. En el actual colegio de La Florida, el hermano Díez de Medina dice que en estos 100 años se ha hecho un buen trabajo. “Se ha formado a buenas personas. La Salle decía que tenemos que educar para que sean buenos ciudadanos en la tierra y buenos ciudadanos en el cielo”.






