La escritura forma parte de mí desde que tengo memoria. Nació como nacen los caminos de las hormigas o las hojas de los árboles: de manera natural. Creo que la escritura salva. En mi caso, mi exceso de sensibilidad y una puerta abierta, desde la introspección, al mundo sumergido que me habita. Escribir, para mí, es vivir”, dice Mar Benegas (Valencia, España, 1975): poeta, escritora y autora de libros infantiles que llegará a Bolivia para la 24 Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL 2019), que se realizará del 31 de julio al domingo 11 agosto en el Campo Ferial Chuquiago Marka (Següencoma). Ella sabe que sus palabras pueden transformar su entorno, tal es así que sus libros se han publicado y traducido en países como Corea, Brasil, Francia, Italia o China.
“La escritura poética, desde siempre, fue el modo de encontrar mi lugar en el mundo, de transformar lo dañino, lo excesivo, lo feo, a través de la palabra, en belleza”.

El primer poema que tiene guardado es de 1984, cuando ella ni siquiera sabía qué era la poesía. Tenía nueve años y trataba sobre la soledad. Lo escribió en el hospital. “Desde entonces la escritura siempre me ha servido para expresar aquello que era demasiado intenso, demasiado grande, demasiado profundo para ser expresado de otro modo. La poesía pone palabras allá donde la razón no llega”, cuenta a los lectores de ESCAPE.
Sus poemas para niños vienen acompañados de gráficos y diseños innovadores, para despertar su atención. Ella disfruta mucho leyendo sus trabajos al público infantil, pues en él encuentra severos críticos ávidos de poesía. “La poesía necesita mediadores, sobre todo, pero también poetas que apuesten por esta mediación.
En España la poesía infantil ocupa un espacio mínimo, residual, pero la experiencia poética con la infancia siempre me demuestra qué equivocación tan grande supone esta evidencia: todavía no encontré, entre los miles y miles y miles de niños y niñas que visito cada curso durante años, a ninguno al que no le haya gustado la poesía”.
Por eso sus libros se agotan, se reimprimen, se traducen y se piden. Hay una experiencia humana que va más allá de la repercusión mercantil de los libros. “Este año, en la Feria del Libro de Madrid, vinieron a verme niños y niñas a los que visité en su escuela hace ¡tres cursos! Y cada año vienen a ver si tengo novedades, a saludarme o traerme sus poemas”.
Desde el silencio abismal de 100 niños y niñas durante 50 minutos al escuchar sus creaciones para que después pidan más poemas, hasta aquella niña de 11 años que, al terminar el recital, se acercó a la autora, la abrazó y le dijo: “Me ha encantado, de verdad. Ha sido impresionante. Me has hecho reír y llorar a la vez”.
Cuando alista un libro, Mar se obsesiona varios meses, pues se sumerje hasta quedarse sin aire y hasta haberle dado vueltas a todas las posibilidades de una idea, sea el libro infantil o adulto. “No me interesa esa proyección adulta, tan generalizada, de pensar en que los niños y niñas son el futuro, que la infancia es nuestra esperanza, o ese tamiz buenista que esconde un menosprecio general por todo lo que es para niños, lo edulcora, lo simplifica. Mi experiencia es otra, niños y niñas tienen criterio, empatía, cargas. Algo que me repiten siempre es que nadie les escucha, no se les tiene en cuenta. La infancia es su propia esperanza y los niños y niñas son personas completas”.
“A veces es una niña / A veces un tigre/ A veces una niña / A veces un tigre / Cuando es una niña juega / Y no pasa nada / Cuando es un tigre ruge / Así estallan las tormentas / En las tardes de verano”, dice en su poema Las tormentas, de Las niñas o cómo suceden las cosas. (Litera Editorial).
Lo poético como voz de los invisibles es una premisa para la autora, esa transformación del dolor en belleza, del silencio en voz, del verso en denuncia. “La semilla del libro: la violencia, la invisibilización, el tabú que todavía cae sobre la mujer y que se recrudece cuando hablamos de las niñas. Niñas que no pueden ir a la escuela, ni leer, ni escribir, ni casarse con quien desean, ni conducir. Los crímenes de género, las violaciones, el silencio total sobre ciertos temas, la ablación, el control de la apariencia (desde el burka a los tacones)”. Y Mar mira hacia esos lugares desde la delicadeza que ofrece el poema, lo plantea a niños y niñas para generar extrañeza, provocar preguntas.

A los autores que desean escribir para niños recomienda, inevitablemente, leer. “Y, como decía Sendak, el artista debe tener una vena abierta y poderosa que comunique de manera directa con lo salvaje de su propia niñez. Por tanto, dejar esa puerta abierta es necesario, no como algo que pasó, sino como algo que todavía sucede, porque todo lo que fuimos es lo que somos hoy. Mirar a los ojos de la infancia sin restricciones ni chantajes. No buscar la aprobación de padres, ni docentes, ni pseudomoral, buscar el contacto sincero con la infancia, ver qué les interesa y qué sienten y piensan respecto al mundo que los rodea. Y claro, Leer. Leer. Leer.
Tachar. Tachar. Tachar. Practicar mucho la autocrítica y, a poder ser, estar en contacto con ellos”. Para Mar es natural: “los niños me caen mucho mejor que los adultos, realmente me gusta pasar tiempo con ellos y charlar, recitarles y moverlos hacia la escritura. Me lo paso bien”.
Ilustraciones: Rocío Araya y Francisca Yáñez.






