Una leyenda cuenta que, hace cientos de años, la sequía castigó el pueblo ecuatoriano de Otavalo, por lo que había que sacrificar a una doncella para calmar la ira del taita Imbabura (un enorme volcán que cuida la región). La elegida fue una bella indígena, llamada Nina Paccha (Fuente de Luz), pero su enamorado Guatalqui no estaba dispuesto a perderla, así es que la convenció para que juntos huyeran a la colina de Rey Loma. Los pobladores los siguieron porque querían hacer cumplir la ofrenda. Cuando estaban a punto de ser alcanzados, de repente se iluminó el cielo y Nina Paccha desapareció para convertirse en una laguna. En ese momento, un rayo cayó sobre el amante, quien se transformó en el árbol —que ahora es llamado Lechero—, que desde entonces es vigía permanente de su doncella adorada. Desde entonces, esos lugares se convirtieron en espacios rituales, donde los pobladores piden que haya buena cosecha y cuide sus vidas. De hecho, muchos cruzan la laguna como ofrenda a la beldad autóctona.
Ahí, a los pies del taita Imbabura, en la colina de Rey Loma, a orillas de la laguna Nina Paccha y cerca del Lechero, el kichwa John Bautista (26 años) llevó a cabo una serie fotográfica con jóvenes indígenas del municipio de Otavalo, en la provincia Imbabura, ubicado al norte del territorio ecuatoriano.
“La belleza ha sido tan estereotipada que he tratado de romper los paradigmas, porque quiero recuperar y exponer la belleza que no se toma en cuenta: la belleza indígena. Ésa es la razón por la que estos últimos años he fotografiado a mujeres indígenas, para resaltar su belleza y que trascienda las fronteras”, comenta el artista que ahora cumple la cuarentena en su casa.
Este proyecto nació hace seis años, cuando John tuvo la posibilidad de estudiar fotografía en Rusia, desde donde viajó a Kazajistán, Mongolia, China, Turquía y Finlandia, lugares en los que descubrió la belleza de las culturas nativas.
Desde 2017, a través del proyecto Atipak Photography, John se ha dado a la tarea de buscar jóvenes ecuatorianas con facciones indígenas, tanto en las redes sociales como en los pueblos, las fiestas populares y en los mercados.
De un poco más de 5.000 imágenes, este artista presenta sus mejores obras a través de las redes sociales —como Atipak Photography en Instagram y Facebook— con el objetivo de resaltar la perfección de la piel morena.















