La cuarentena nos condiciona al distanciamiento social. Nos encerramos para cuidarnos y para prevenir el contagio de COVID-19 en la colectividad. El encierro es la manera más segura que tenemos para afrontar la realidad; pero también es una medida irreal, pues resulta imposible que la vida siga sin el movimiento de los mercados.

Los mercados son espacios de intercambio donde interactúan todo tipo de personas, de diversa procedencia cultural, social y económica. Sin ellos sería imposible la supervivencia de las ciudades.
“En los mercados late la ciudad”, como explican, la investigadora Carmen Julia Heredia y el rockero José Alberto Morales, también conocido como “el Pepe de La Logia”, fundadores de El Mercado, centro de contracultura y resistencia.
Este espacio se encuentra en la calle Casimiro Olañeta de la ciudad de Sucre, en el barrio conocido popularmente como Kimsa Molle, nombre quechua para describir a tres enormes árboles de molle que antes estaban ahí. Carmen Julia escuchó que cuando las personas agricultoras llegaban del campo para vender sus productos, se sentaban a los pies de estos molles para descansar. Se armaba entonces un pequeño mercado para el vecindario que aprovechaba de proveerse de alimentos. Por eso, para recuperar las memorias del lugar, El Mercado eligió este nombre; pero, también para reivindicar al mercado como espacio de lucha social, pues como dice el mural que está pintado en su escenario: “la canasta familiar siempre encendió la chispa de la lucha”.
Se trata de un espacio autogestionado de formación, producción, difusión artística y académica, donde es posible dejarse llevar por la bohemia chuquisaqueña. Desde hace cinco años, El Mercado organiza conciertos, exposiciones, talleres, conferencias y reuniones que aportan a la sensibilización y reflexión de la sociedad. En este lugar acogedor se construye la lucha por la libertad y la dignidad.
En este duro momento de aislamiento social, El Mercado optó por reconfigurarse, mostrándonos que es posible construir nuevas formas de acción social para no caer en el individualismo, al que parece estar empujándonos el encierro.
Utilizando los muros y balcones del centro, inauguraron la CALLEría de arte. Así, la música, la pintura y la fotografía ambientaron las calles donde se encuentra “El Mercadito”, como de cariño le decimos sus caseras.

El 15 de abril, aniversario de Tarija, se realizó la primera exposición Los hermanos Arancibia, en conmemoración a estos dos grandes artistas y gestores culturales tarijeños. Sin duda, la exposición de pinturas originales alegraron a las personas que transitaban entre las calles Olañeta y Destacamento.
La segunda, Amor sobre ruedas, se realizó el 27 de abril, para conmemorar los cuatro años de la marcha de personas con discapacidad. Las fotos de Carmen Julia y Mila Matías reivindican la dignidad de las personas discapacitadas desde la exposición de su sexualidad. La exhibición muestra la intimidad de Marcelo y Feli, pareja chuquisaqueña, que es clave en la organización de esta lucha.
El 9 de mayo de 2020, se inauguró Contra la criminalización del trabajo informal, en homenaje a las personas que desarrollan la economía en las calles durante la cuarentena. La exposición puede ser visitada durante todo mayo, mes del trabajo.
Revalorizar el trabajo
El montaje fue realizado sobre los tradicionales costales de papa tarabuqueños y las fotografías son de Carmen Julia Heredia y Daniel Castro. La temática reivindica a las vendedoras ambulantes y del mercado; quienes se encargan de la limpieza y desinfección de las calles; a los mineros que para subsistir, algunos de ellos, siguen entrando a los socavones; al personal médico y a todas las personas que salen a trabajar y se exponen al peligro de la pandemia.
La inauguración de la muestra fue celebrada con un concierto de Pepe, vocalista de La Logia, que ofreció su voz, guitarra y armónica para ejecutar los clásicos temas de esta legendaria banda chuquisaqueña. Canciones como Indio migrante, que denuncia la discriminación hacia las personas que vienen del campo, retumbaron en el centro chuquisaqueño.

Un grupo de vendedoras ambulantes se acercó a escuchar el concierto y a observar la exposición, estaban contentas porque se revalorice su trabajo. Incluso sintieron confianza para comentar que: “las señoras nos molestan demasiado por trabajar así”. Por eso, este encuentro callejero entre las personas y el arte tiene la magia de sensibilizar a la gente.
Carmen Julia explica que “todo centro cultural debería siempre inmiscuirse con la realidad cultural y social de su barrio, pero hoy más que nunca, los barrios son epicentros para la organización, sobrevivencia y solidaridad. Los centros culturales debemos jugar un papel muy importante en este tiempo, por eso, para la concientización, la información, la solidaridad, organización y qué mejor, a través del arte”. Con esa premisa se organizan las actividades de El Mercado, que pueden seguirse a través de su página de Facebook: “El Mercado de Kimsa Molle”.
Esta es la propuesta artística cultural desde El Mercado ante la pandemia: seguir generando arte para resistir a la tristeza, al miedo y a la resignación de la desigualdad social.






