Algo que caracteriza a los conciertos del músico y escritor boliviano Vadik Barrón es que combinan canciones de gran belleza y complejidad con una ejecución muy cuidada y sentida. Y si cada uno de sus recitales es único e inolvidable, la apuesta para la celebración de los 25 años de carrera artística del cantautor es más que prometedora. A causa de la pandemia, la sesión será virtual, con una transmisión a través de la plataforma de Superticket desde el emblemático Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz.
El estreno del recital —que permanecerá por cinco días en línea— será el viernes 19 de junio a las 20.00, hora boliviana. Las entradas tienen un costo de Bs 35 y se pueden comprar en línea en el enlace: https://dev-qa.la-razon.com//superticket.bo/detalle/vadik/
—¿Cómo se siente en estos 25 años de carrera? ¿Cómo ha sido el trayecto?
—Los aniversarios te ponen en perspectiva ante lo que has hecho y vivido. En el día a día, uno no toma mucha conciencia de eso. Creo que he tenido la suerte de poder dedicarme a lo que amo hacer y agradezco el seguir teniendo algo que decir y el poder encontrar la manera de decirlo a través de las tocadas y los discos. Me ha pasado de todo, he ido por muchos lados y lo bueno es que nunca dejé de aprender, de leer y escribir, de escuchar y componer, que es lo que hace el camino llevadero y, ahora, entrañable.
—Con tan amplio cancionero personal, ¿cómo eligió los temas del recital?
—Ha sido un poco difícil, porque de alguna manera se trata de que el repertorio sea representativo de mi trabajo, que es muy ecléctico. Pero al final lo decidí por cómo me siento ahora y la verdad es que extrañaba tocar y rockear con una banda, así que en función del sonido que tenemos como ensamble con los músicos que me acompañan definí las canciones.
—¿Cuál es el concepto del concierto?
—Está pensado como una sesión en una locación maravillosa como es el Teatro Municipal, con todo su peso e historia. Vamos a hacer un repaso por canciones de distintas épocas y discos y la lista está ordenada más por una curva de intensidad que por cronología. El show, por limitaciones de la transmisión por internet, dura una hora. Toco con una banda que es un gusto y un lujo: Benjamín Chambi en batería, Leo Miranda en bajo, Heber Peredo en teclados y Ricky Inofuentes en guitarra, además tenemos una producción audiovisual propia a cargo de Iverint Franco INT Cine, con Luis Bolívar en el sonido directo y mi hermano Álvaro Barrón en la producción y proyección de visuales. Y claro, está el equipo del Municipal.
—En plena pandemia y con teatro sin público presente, ¿qué expectativas tiene del concierto?
—Por supuesto, esperamos celebrar este aniversario con la mayor gente posible. Y creo que el público sabe que su apoyo es fundamental en estos momentos para el sector artístico, tan afectado secundariamente por la pandemia y marginado por el Estado. Es una situación nueva y única, que imagino la están viviendo los colegas en estos tiempos: al no tener público hay que trabajar la energía y la dinámica del show de otra manera. Como soy un pésimo actor y no puedo estar fingiendo cantar para un público invisible, concentraré la onda en la dinámica de la banda y lo que la música provoque en escenario.

—Tiene nuevos discos a la vista que han destacado en la más reciente versión del Focuart, ¿de qué van?
—Sí, gracias a Focuart, uno de los pocos fondos culturales vigentes pese a la situación, podremos producir mi disco Cocina, que es un proyecto que tengo pendiente desde hace tres años. Es posible que ese disco se lance únicamente por plataformas digitales. Por otro lado, he estado escribiendo canciones para un disco llamado Solar que también me gustaría grabar y lanzar hasta fin de año. Y hasta fin de año, con la Editorial 3600, queremos publicar todos mis libros de poemas, que son 10 en total, en una colección conmemorativa de estos 25 años.
—El Vadik de hoy frente al de hace 25 años, ¿qué se ha perdido, qué se ha ganado y qué permanece?
—He perdido pelo, paciencia y noches enteras en algunos bares que nada que ver. He ganado peso, oficio, experiencia y la invaluable amistad de grandes artistas a los que admiro. Todavía creo que la música es el espacio donde ciencia y magia se encuentran. Conservo las ganas de proponer, de renovarme, de explorar, de que las letras de mis canciones se nutran de poesía. Y hoy más que nunca creo que el arte es una declaración de principios humanos y políticos.






