Corría 1838, en aquel entonces el presidente Andrés de Santa Cruz y Calahumana sabía que los caminos generan progreso, así que ordenó abrir una ruta que conecte a los valles de Río Abajo con la ciudad de La Paz. Y se creó el Sendero del Águila, por donde pasaban carretas repletas de verduras. Por esa ruta transitó el mandatario, quien tenía una hacienda en Tahuapalca.
En la actualidad este sendero —de 1,75 kilómetros que inicia la altura del Hotel Río Selva y termina en la zona Amor de Dios— es parte de un circuito de ecoturismo y patrimonio natural paisajístico del municipio paceño. Además es considerado un espacio para senderistas, ciclistas y escaladores. En resumen, es un importante atractivo turístico de la hoyada.
Este medio realizó un recorrido por todo el camino, situado a 3.246 metros sobre el nivel del mar. Los paisajes con remanentes naturales, aves que se alzan en los aires, quebradas rojizas y el río serpenteante a un lado deleitan por su armonía, sin embargo a medida que se avanza, el descuido asoma e incluso se siente inseguridad. La ruta ya no es transitable en varios puntos por derrumbes de piedras y puentes rotos. Asimismo, es concurrida por personas que acuden a consumir bebidas alcohólicas o realizan rituales con fogatas y velas.
El director de Áreas Protegidas, Bosques y Arbolado Urbano de la Alcaldía, Roberto Rojas. Explica que el camino se encuentra cerrado a visitas desde noviembre del año pasado y hasta nuevo aviso.
“Se deben realizar trabajos de prevención ante la posible caída de pedrones en el sendero y dar mantenimiento a dos puentes de madera”. Respecto a los puentes, en el recorrido se vio que uno se destartaló y otro fue destruido por una gran piedra.
“Se realizan acciones de prevención a lo largo del sendero. La pasada gestión se hizo un relevamiento del lugar para determinar sitios donde efectuar reforestación con apoyo de un voluntariado, también el lugar fue parte de los sitios donde se hizo avistamiento de aves para la participación de la Alcaldía en el evento Global Big Day”.
Aves desde el norte y el sur
Pese a que el lugar está cerrado, aún hay afluencia de personas: además de las que van a beber, hay quienes se dan modos de cruzar la ruta pese a los puentes inestables.
Mario Costas pasa por el lugar y es muy breve al conversar, pero deja en claro que él usa tres veces por semana el camino como una forma de relajarse, más todavía con el encierro de la pandemia. “Uno necesita moverse y este es un lugar apto don- de no hay aglomeraciones. Lo lamentable es que venga la gente a beber en vez de que el sitio esté cuidado y se contamine con botellas de trago. No hay ningún trabajo de mantenimiento en el lugar”.
Rojas explica que en el sendero se des- arrollaban “actividades complementarias para la investigación científica, además del monitoreo, de gestionar con la colaboración de agencias de viajes, captar segmentos especializados de diferentes partes del mundo para organizar actividades guiadas para apreciar las formaciones geológicas en toda su dimensión”.
Alberto Espinoza, del Club Ornitológico de La Paz, señala que estos parajes forman parte de un espacio que atrae aves desde el norte y el sur. “Es un valle seco interandino, atrae a gran cantidad de rapaces, como su nombre lo dice, Sendero del Águila”. Thakhi Paka, en aymara, es el nombre que los comunarios pusieron al camino por la gran cantidad de aves que sobrevuelan por el cielo y son parte del paisaje. “En este lugar se pueden observar sobrevolando águilas, killi killis, alkamaris y un tipo de halcón aplomado. Además allí hay semilleros y aves atraídas por cuerpos de agua como gaviotas y remolineras comunes. También dos tipos de colibríes”, complementa Espinoza sobre este sitio que espera atención para volver a mostrar sus bondades naturales a los visitantes.






